“Todo se quemó, pero me sorprendió la luz que había en ese momento que combinada con el humo, era bella, y como fotógrafa buscaba la luz”.
Son las palabras de la fotógrafa y educadora puertorriqueña-estadounidense, Norma I. Quintana, creadora del proyecto “Forraje del fuego” que actualmente acoge el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo (CFMAB) y finaliza el 31 de julio.
La historia es que en el año 2017 un incendio en el Valle de Napa arrasó con la casa de esta fotógrafa, quien a partir de los objetos que encontró entre las cenizas, decidió disparar su cámara para capturar estas imágenes.
Casa como un museo
A través de un comunicado, Norma I. Quintana, apuntó: “Me encantan los objetos, soy coleccionista y mi casa era como un museo, tenía muchas fotos, pero sabía que eso ya no lo iba a encontrar. Lo que encontré fueron partes de objetos con memoria, empecé a levantar piedras y ahí estaban pedazos de muñecas, de cámaras, de joyería, de muchas cosas, encontré belleza en todo eso porque era una memoria, por eso es difícil deshacerse de las cosas porque te recuerdan algo”.
La fotógrafa y educadora puertorriqueña-estadounidense trabaja en la tradición del documental social y sobre esta exposición comparte: “Fue como una tarea de arqueología, poco a poco iba hallando más, todos me decían si era triste, pero no fue lo que sentí, porque hice mi historia del fuego a partir de los objetos que encontré, mi casa era muy peculiar”.
Reliquias familiares
La serie “Forraje del fuego” presenta una gran cantidad de reliquias familiares, desde joyas rotas hasta cuerpos de cámaras, partes de muñecas y herramientas de cocina, todo enmarcado por los guantes de plástico negros que se utilizan para limpiar incendios.
El silencio visceral de las imágenes confronta inmediatamente al espectador mientras intenta discernir elementos reconocibles del polvo al que se enfrenta.
Acunados en forma de palma, estos fragmentos comunican su relación ininterrumpida con el alma, transformando efímeras pérdidas en tótems de un pasado precioso.
Registra su pérdida
A medida que Quintana registra su pérdida a través de la documentación, la obra se convierte en una declaración inquietante sobre la persistencia de la memoria y la resiliencia del espíritu.
Norma I. Quintana platicó que por fortuna sus negativos estaban en otro lugar, lo que ayudó a que su archivo fotográfico no se perdiera, “muchos amigos fotógrafos aprendieron de esto y comenzaron a guardar sus negativos en otro lugar”.
Agregó que por primera vez presenta esta exposición en México y lo hace en el Centro Fotográfico, un lugar donde en un par de ocasiones tomó clases con Mary Ellen Mark y Graciela Iturbide, “es como cerrar un círculo, porque aquí aprendí fotografía y es un honor estar aquí”.
El dato
Norma I. Quintana fotografió más de 100 objetos, una selección de 48 imágenes pueden apreciarse en la exposición, así como algunos artefactos que conserva.
