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A su suerte, personas en condición de calle durante pandemia en Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

Fue recogido por paramédicos de la Cruz Roja de la calle con síntomas del virus SARS-C0V-2 (COVID-19). La prueba lo confirmó como portador. Por más de cinco horas, peregrinó a bordo de una ambulancia en busca de un hospital que lo ingresara. Todos le cerraron las puertas y fue devuelto a la vía pública en Santa María Huatulco.


Fotografías circuladas en redes sociales dieron cuenta del hecho. A petición ciudadana, el adulto mayor fue recogido y aseado por paramédicos, colocado en una camilla y puesta una bata. Sin éxito en lograr su hospitalización, no tuvieron más remedio que dejarlo a su suerte.


De regreso al abandono, el video circulado en redes sociales muestra al hombre dando pasos arrastrados, desesperanzado de recuperar su salud pues, no sólo pesa sobre él la edad, también la pobreza y la violación a derechos en el que se encuentran las personas que no tiene un hogar.


El Censo de Población y Vivienda 2020 realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), contabilizó en todo el estado 175 personas en las calles. El número es un aproximado, pues a ciencia cierta no se sabe cuántas tienen por hogar un parque, las puertas de una iglesia, un puente o un camellón.


“México no tiene una política de estado que atienda a esta esta población. Escenas como la de Huatulco nos recuerdan la necesidad de mirar con seriedad a la población en situación de calle y de buscar respuestas que puedan atenderlos y que puedan tratar de volver al tejido social, o por lo menos tratar de que su tránsito y estancia por las calles sea de menor riesgo, sea en que no los convierta en objeto de mal trato abuso y discriminación”, expuso Rafael Bucio Escobedo, director general del Centro de Apoyo al Niño de la Calle A.C (Canica).



El especialista en temas de derechos humanos indicó que esta situación debe ser vista desde distintos ángulos. En primer lugar -dijo- se debe entender que en general la población que vive en calle ha cursado por un proceso denominado callejerización, es decir cuando la calle se convierte el único espacio de vida, de socialización, de producción y reproducción simbólica.


Cuando ello ocurre hay un alejamiento “voluntario” o una ruptura con el orden institucional o social habitual. Por ejemplo, en invierno cuando se habilitan albergues, es muy difícil que las personas en situación de calle asistan, pues prefieren la dinámica a la que están acostumbrados porque, ante las experiencias de maltrato y discriminación por parte de autoridades, tienen resistencia a la institucionalización.


Por otro lado, agregó que, ante la falta de respaldo jurídico, administrativo y estructural, el personal de las instituciones de salud creó resistencia a brindar atención a personas que en algún momento dado su estado de salud se pudiera complicar, significar una carga de trabajo, una responsabilidad y finalmente un problema.

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