La Cámara de Diputados aprobó reformas constitucionales para reconocer derechos a los pueblos y comunidades afromexicanas.
Con 374 votos a favor, se aprobó la minuta proveniente del Senado que agrega un apartado C al artículo 2 de la Constitución, en donde se reconoce que México es una nación con una composición pluricultural, sustentada originalmente en sus pueblos indígenas y que conservan sus propias instituciones sociales, económicas, culturales y políticas, o parte de ellas.
El proyecto se turnó a los congresos locales para su ratificación.
"Esta Constitución reconoce a los pueblos y comunidades afromexicanas, cualquiera que sea su autodeterminación como parte de la composición pluricultural de la Nación", cita la reforma.
Se añade que en lo conducente tales pueblos y comunidades tendrán los derechos señalados en los apartados A y B del mismo artículo, en los términos que establezcan las leyes a fin de garantizar su libre determinación, autonomía, desarrollo e inclusión social.
Ello, en lo referente a los derechos reconocidos a los pueblos indígenas y respecto a las obligaciones de las autoridades.
La Federación, estados y municipios tendrán que promover la igualdad de oportunidades y eliminar prácticas discriminatorias, y aplicar políticas para garantizar sus derechos y generar su desarrollo.
El coordinador del PRI, René Juárez, quien pertenece a la comunidad afromexicana, expresó que lo importante de la reforma es que cambie la percepción social sobre la conformación de la nación.
"Debemos seguir trabajando para erradicar la discriminación y las expresiones que aún se cimbran sobre la raza de color firme.
"Algunas de estas expresiones con una alta dosis de menosprecio y sorna, tales como: 'Fue una cena de negros', 'el panorama se ve muy negro', 'tiene el alma negra', 'ya vi sus negras intenciones', 'es la oveja negra de la familia', 'trabajo como negro y cobro como negro', 'el negro de la feria, tirenle al negro', etcétera", indicó.
El legislador consideró que esas expresiones ponen a lo negro como si fuera algo horrendo, malo en exceso o tenebroso.
"En todo caso lo negro es ausencia de color. No, no aceptamos de ninguna manera estas expresiones discriminatorias que segregan y lastiman", manifestó en la discusión de la reforma.
La reforma fue remitida al Diario Oficial de la Federación para su publicación.
LOS NEGROS DE MÉXICO QUE HAN SIDO "BORRADOS DE LA HISTORIA"
Más de un millón de personas en México son descendientes de esclavos traídos de África y se identifican como "negros", "morenos" o "afromexicanos" aun cuando no tengan apariencia negroide.
Pero son poco conocidos más allá del estado de Oaxaca, en el sur del país, una situación que los líderes de la comunidad quieren cambiar radicalmente.
"La policía me hizo cantar el himno nacional tres veces, porque no creían que era mexicano", dice Chogo El Bandeño, un cantautor mexicano negro.
"Tuve que nombrar los gobernadores de cinco estados también".
Estaba visitando la capital, México DF, a cientos de kilómetros de su hogar, cuando la policía lo detuvo bajo sospecha de ser un inmigrante indocumentado.
Afortunadamente, su interpretación del himno y su conocimiento de los líderes políticos convencieron a los policías de dejarlo en paz.
Otros afromexicanos no han tenido la misma suerte.
Clemente Jesús López, que dirige la oficina gubernamental a cargo de asuntos afromexicanos en el estado de Oaxaca, recuerda dos casos separados con mujeres.
"Una fue deportada a Honduras y la otra a Haití porque la policía insistía que en México no hay gente negra. A pesar de tener documentos de identidad mexicanos, las deportaron".
Con la ayuda de los consulados mexicanos, pudieron regresar pero no recibieron disculpa alguna ni indemnización, resalta López.
COMUNIDAD IGNORADA
Mexicanos de raza negra han vivido en la región de Costa Chica, en la costa Pacífica de Oaxaca, desde que sus ancestros fueron llevados como esclavos desde África, en el siglo XVI.
Ganaderos coloniales españoles frecuentemente los utilizaban como capataces, para que se hicieran cargo de los trabajadores indígenas que no estaban acostumbrados a animales del tamaño de las vacas o los caballos.
Sin embargo, por fuera de la región de Costa Chica, hay poca conciencia de su existencia.
Un censo interino en 2015 indicó que la población negra era de 1.4 millones, o 1.2% de la población mexicana. En el mismo estado de Oaxaca son apenas 5% del total.
En comparación, los pueblos indígenas constituyen casi 10% de la población en México, según el censo de 2010.
La apariencia física de aquellos que se identifican como mexicanos negros varía considerablemente. Algunos son difíciles de diferenciar de los indígenas mexicanos.
"No se trata únicamente del color de la piel, también es de cómo te sientes", explica Tulia Serrano Arellanes, una trabajadora distrital. "Tú puedes haber tenido una abuela negra y sentirte negra, aunque no lo parezcas".
Buena parte de su identidad está basada en dónde viven. Si vives en un pueblo negro como Santiago Llano Grande, de donde viene Chogo "El Bandeño", muy probablemente te sientes negro.
CULTURA AFRICANA
Pero también se comparte una cultura común.
Por ejemplo, hay un estilo de música característica llamada la chilena, introducida a Costa Chica en el siglo XIX por marineros chilenos que pasaban camino a la quimera de oro en California, que ha sido adaptada por músicos negros.
Le han agregado instrumentos afromexicanos como la quijada, un maxilar seco de burro con dientes que repiquetean.
También está el bote, un tambor de fricción, que tiene un palo adherido a la membrana que se frota para producir una especie de bramido. Estos sonidos son parte central de la vida musical de los afromexicanos.
También hay bailes que se remontan a los días de las haciendas coloniales, incluyendo la Danza de los Diablos, que se ejecuta alrededor del Día de los Muertos, a finales de octubre y comienzos de noviembre.
Los bailarines tienen máscaras de diablo y son conducidos por un personaje áspero conocido como Pancho, el capataz de la hacienda.
Se pavonea por el lugar con un látigo, mientras su voluptuosa esposa "blanca" –interpretada por un hombre negro- coquetea descaradamente con los "diablos"y hasta con el público.
En los pueblos de Costa Chica, hasta los niños de edad preescolar aprenden los pasos del baile y se les inculca el orgullo en su herencia africana.
RECONOCIMIENTO
Pero hay frustración en la región por la falta de consciencia que hay en México sobre los afromexicanos y porque aún no han sido reconocidos oficialmente como una minoría por el gobierno.
Según Humberto Herbert Silva Silva, el director de la Oficina para Asuntos Afromexicanos en Oaxaca, se debe a que los afromexicanos hablan español, como la mayoría de los mexicanos y no tienen su propia lengua.
"Cuando solicitamos reconocimiento como minoría, salen con excusas o nos dicen que no tenemos una lengua autóctona. El lenguaje es el verdadero criterio", dice. "Estamos siendo discriminados".
Si los afromexicanos fueran clasificados como minoría, recibirían fondos adicionales para la promoción de su cultura y para programas de salud pública.
Pero los activistas como Israel Reyes, un maestro, quieran algo más que dinero. También es importante para ellos que la existencia de los afromexicanos será reconocida por el Estado mexicano.
"La historia de la población negra ha sido ignorada y borrada de la historia", afirma.
Los esfuerzos de los activistas ha dado algunos resultados.
En el censo interino de 2015, los encuestados tuvieron por primera vez la opción de identificarse como negros, aunque ese no sea el término que todos los afromexicanos usan. Muchos de ellos se llaman a sí mismos "morenos" o utilizan otro término local para describirse.
Pero algunos afromexicanos están impacientes de que no se les dé mayor reconocimiento.
Silva Silva dice que la comunidad negra está considerando incluso seguir la ruta del levantamiento indígena zapatista en Chiapas, en los años 90.
"Hasta ahora las comunidades negras han soportado discriminación y se han mantenido dentro de las vías legales, que ya están agotadas", expresa.
"Con los zapatistas, los indígenas se levantaron, y fue un levantamiento armado para reivindicar sus derechos. Y, bueno, nuestra comunidad está pensando hacer lo mismo. Está pensando, en un futuro distante, hacer un levantamiento", dice.
"Podría ser la única manera de obtener los derechos que nos merecemos. No puede ser correcto que la Constitución de nuestro país no nos reconozca. Hay una gran brecha entre los que los políticos dicen y lo que hacen. Tendremos que tomar acción para enviarles una advertencia".
LA HISTORIA OLVIDADA DE LOS NIÑOS ESCLAVOS MEXICANOS
Es una parte poco conocida en la historia de México: durante el período de la Colonia miles de niños afrodescendientes fueron obligados a servir como esclavos en haciendas, instituciones religiosas, minas, en labores agrícolas o en casas de españoles adinerados.
Estos niños no eran considerados seres humanos, e incluso era común que se les utilizara como regalo, moneda de cambio para comprar mercancías o hasta como limosna para las parroquias católicas.
La historia empieza a conocerse a través del libro Muleke, negritas y mulatillos. Niñez, familia y redes sociales de los esclavos de origen africano en la Ciudad de México, siglo XVII, escrito por la investigadora Cristina Masferrer y editado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
El libro cuenta la difícil situación de estos menores en lo que entonces era el Virreinato de la Nueva España, uno de los territorios más importantes para la Corona del país europeo.
"A estos niños los podían hipotecar, donar, vender y comprar, por supuesto; pero también los podían dar como parte de una dote matrimonial", le explica Masferrer a BBC Mundo.
"Se donaban a conventos o a otras instituciones religiosas para que realizaran distintas actividades, e incluso hubo casos en que se entregaban como limosna".
"PRESTIGIO SOCIAL"
No se sabe cuántos niños afrodescendientes fueron esclavos en el México de la Colonia, pero se podían contar por miles, asegura la investigadora.
Para elaborar su libro, Masferrer consultó actas bautismales de la Iglesia Católica en la capital novohispana, que hoy se conoce como Ciudad de México.
En sólo una parroquia –había al menos tres entre 1603 y 1637, su período de estudio- encontró 1,059 casos, que representan una mínima parte de los que en realidad pudo haber.
Y es que hubo tiempos en que el número de personas originarias de África era mayor a los españoles.
De hecho, existen registros de afrodescendientes en lo que era prácticamente todo el territorio de la Nueva España, aunque hubo concentraciones importantes, que aún prevalecen, en las regiones que hoy son los estados de Oaxaca, Guerrero y Veracruz, por ejemplo.
Los esclavos eran muy apreciados pues se les consideraba un símbolo de estatus social.
"El hecho de caminar acompañado de esclavos, adultos o niños era muestra del prestigio y poder económico que tenían los españoles", indica Cristina Masferrer.
HIPOTECAS
En la capital de Nueva España, hoy Ciudad de México, los niños esclavos se dedicaban a labores domésticas, eran acompañantes de adultos o ayudaban en conventos e iglesias.
En otros sitios del país trabajaban desde muy pequeños en las minas de oro y plata, o bien en las grandes haciendas agrícolas. Algunos, cuando crecían, eran enviados a talleres artesanales para aprender algún oficio como zapatero o sastre, por ejemplo.
Pero eso no servía para mejorar su vida pues eran obligados a trabajar y las ganancias que generaban se quedaban en el bolsillo de los esclavistas.
Hubo casos en que los niños afrodescendientes eran hipotecados, como se haría con alguna casa.
En su libro, la investigadora cuenta el caso de un español que quería comprar unos sacos de cacao pero no tenía dinero, así que dejó a un niño esclavo en prenda a cambio de un préstamo para adquirir la mercancía. Luego, cuando tuvo dinero, recuperó al menor.
Esta situación se mantuvo hasta 1821, cuando México consiguió su independencia de España. Pero aunque la esclavitud fue abolida, la condición social de las comunidades de afrodescendientes aún es difícil, según reconocen estudios oficiales.
De acuerdo con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en el país existen unos 450,000 afromexicanos, de los cuales por lo menos la mitad viven en pobreza.
Son personas que además son discriminados por su color de piel, lo que profundiza su vulnerabilidad social, denuncia el gubernamental Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred).
Es un problema que la investigadora Masferrer pretende ayudar a combatir con su libro y otras investigaciones sobre los afrodescendientes mexicanos.
"El objetivo es mostrar una parte muy importante de la historia de México que no es de unos cuantos, los que tienen la piel oscura o están en las costas, sino que muestra la historia de todos los mexicanos", concluye.
"Esta Constitución reconoce a los pueblos y comunidades afromexicanas, cualquiera que sea su autodeterminación como parte de la composición pluricultural de la Nación", cita la reforma.
