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Luto, dolor y rabia tras masacre en la Sierra de Oaxaca; Quiechapa llora a sus muertos

Foto(s): Cortesía
Redacción

SAN PEDRO MÁRTIR QUIECHAPA, YAUTEPEC, Oaxaca.- “A mi hijo lo hirieron con una calibre 50, le destrozaron el estómago y el pulmón”.


Alexander Montes Aguilar esta tendido sobre un féretro blanco, ahora es un mártir, un “niño héroe”, gran parte de sus restos está cubierto de flores debajo decenas de veladoras encendidas. A su alrededor están su madre, el padre, sus hermanos, vecinos. Tenía 16 años.


Las paredes del cuarto en el que se lleva a cabo el velorio están tapizadas de fotografías familiares; son los minutos previos a iniciar la procesión para el entierro.


Al exterior del domicilio aguardan parientes, amigos y vecinos, algunos reciben alimentos.


SALDO DE LA MASACRE


8 Heridos:


Irinea Martínez
Adán Crisóstomo
Pablo Aguilar Muñoz
Victorino Barriga Martínez
Toribio Canseco
Abel Ramírez Aguilar
Pedro Ausencio
Martín López


5 muertos:


Eduardo Barriga Ramírez
Natanael Barriga Osorio
Camilo Daza Durán
Adalberto Montes Aquino
Alexander Montes Aguilar


Fuente: Ayuntamiento de San Pedro Mártir Quiechapa


 


Cristina Aguilar Canseco, madre de la víctima, está inconsolable y el dolor por la pérdida del hijo la dobla cada vez que intenta hablar: “aquí está mi hijo”, dice mientras señala y su cuerpo se vuelve ligeramente hacia delante; la mujer está a punto de caer y el llanto surge a caudales hasta ahogar su garganta. A sus espaldas, Casimiro Montes Romero, quien la toma por los hombros con sus ojos también inundados.


Alexander fue asesinado cerca del mediodía del sábado 22 de marzo. Un grupo de pobladores de la agencia de Santiago Lachivía disparó a quemaropa contra él y una veintena de personas habitantes del municipio de San Pedro Mártir Quiechapa; tras los disparos, muchos intentaron escapar, pero fueron cazados entre los árboles de encino, cuesta abajo.


Con él murieron otras cuatro personas más, tres al instante; ocho personas resultaron con heridas de armas de fuego las cuales fueron reportadas como graves pero estables hasta ayer. Adalberto Montes Aquino, un joven de 17 años, murió ayer.


La agresión armada enlutó a cinco familias y a todo un pueblo que el próximo 29 de abril celebrará su fiesta patronal dedicada al santo Pedro Mártir de Verona, sacerdote dominico que fuera asesinado un 6 de abril del año 1252, en un sábado de Pascua.


La emboscada


Los hechos ocurrieron en el paraje conocido como La Reja, apenas a poco más de un kilómetro de distancia de la población en línea recta.


El acceso carretero al sitio está vigilado por seis policías estatales, otros seis se encuentran cerca del palacio municipal; en otro paraje, un contingente de elementos del Ejército Mexicano. Para los pobladores, la presencia militar y policíaca llegó demasiado tarde y el número de agentes es insuficiente para que la población se sienta segura.



Según los vecinos y algunos testigos, alrededor de 80 personas de Lachivía, encabezados por el presidente de bienes comunales, Mario Ramos Ávila, estaban armados con cuernos de chivo, pistolas nueve milímetros, retrocargas calibre 16 o siete milímetros.


Huella del narco



 



Cristina Aguilar Canseco al pie del féretro de su hijo. Lo destrozaron con arma de alto poder. FOTO: Mario Jiménez

Entre estas dos poblaciones existe un añejo conflicto agrario por dos mil 600 hectáreas. El presidente municipal de San Pedro Mártir Quiechapa asegura que este no es el trasfondo de la masacre. El ataque, detalla, fue por su negativa a aceptar un programa de saneamiento del bosque por parte de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) en el que la comunidad previó que pudiera presentarse una pelea por la forma en que se aplicarían los recursos. Y también, porque recientemente el Ejército Mexicano destruyó plantíos de amapola de los comuneros de Lachivía: “ellos creen que nosotros hemos informado al ejército”.


La mañana de ayer dos de los muertos habían sido enterrados y otro, el domingo 23 de marzo. “Exigimos justicia, exigimos justicia”, gritaban familiares y amigos de Alexander que, poco a poco abarrotaron el cuarto en el que descansaba el cuerpo tendido sobre el ataúd.


Rabia




Camino a la última morada. FOTO: Mario Jiménez

Entre el dolor, asoma la rabia, la impotencia y la indignación. Desde la 9 de la mañana solicitaron apoyo a la Secretaría de Seguridad Pública (SSPO) y al Ejército Mexicano, tras advertir de la presencia de sujetos armados de la agencia de Lachivía, afirma Eufrosina López, suplente de la regiduría de Salud del ayuntamiento de San Pedro Mártir Quiechapa.


La concejal pudo haber presenciado la masacre o ser una de las víctimas, pero el presidente municipal, Luis Juárez Pérez, le pidió regresar y estar pendiente al teléfono por cualquier llamada de la Policía Estatal.


Unos metros abajo de la casa de Alexander está el hogar del comisiariado de Bienes Comunales, José Barrita; también ahí están de luto. El hijo del representantes agrario, Natanael Barriga Osorio, de 40 años de edad fue asesinado, dejando a su esposa y dos hijos. Hablar con don José no fue posible, “tiene mucho dolor, perdió a su hijo, no puede siquiera levantarse”, “está en un dolor muy canijo, le mataron a su hijo”, explican.


En algunos hay rabia: “No está pesado, pero se va a poner”; otros aseguran que esperarán a la justicia: “nosotros somos gente tranquila, ya les cedimos tierras pero ellos quieren todo, siempre pasan por encima de nosotros, no somos como los de Lachivía, exigimos al gobierno una solución definitiva”.




La imagen del "niño héroe", adolescente de apenas 16 años. FOTO: Mario Jiménez Leyva

Cristina Aguilar, madre de Alexander, dice entre su llanto que ahora su hijo es un héroe que murió por su pueblo, “yo lo voy a llamar mi niño héroe”.


Rumbo al camposanto


Poco antes de la cinco de la tarde inicia la procesión; al frente va Cristina Aguilar y Casimiro Montes, seis hombres cargan el féretro blanco. Las campanas de la iglesia resuenan al acercarse la marcha silenciosa.




Los padres de la víctima, con todo el dolor encima. FOTO: Mario Jiménez

“Habrá un fandango precoz”, dice un hombre, “hubiera visto el de Adalberto, fue hermoso”. Fernando Barriga, un joven originario de esta población y especialista en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explica que un fandango es una celebración que se acompaña con banda dentro de la enorme tristeza que alberga a una familiar perder a un niño,


“La banda toca pequeños sones y en los intervalos alguien dice unas palabras para el niño que murió en las que aduce que irá directamente al cielo, porque fue un niño que no conoció maldad, que no se casó. Es una tradición que tiene raíces prehispánicas”.


Alexander ayer tuvo su fandango, tenía 16 años. Es un niño héroe, “mi niño héroe” repite Cristina Aguilar, Casimiro la vuelve a tomar de los hombros para sostenerla y tal vez, también para sostenerse.

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