Una mujer de 45 años de edad, llegó a Oaxaca hace ocho años para escapar de la violencia que provocaron los grupos criminales en los límites de Oaxaca y Veracruz.
Junto a su hijo de 25 años, abandonó su hogar y se instaló aquí en la capital, en un pequeño departamento por el que paga mil 500 pesos al mes.
La joven mujer de nombre Jacqueline Hernández García, ha trabajado los últimos ocho años como comerciante ambulante, su primera vez buscando el gasto diario en la calle.
Durante más de 20 años trabajó como cocinera y acompañó a su difunto esposo a los campos donde se cosecha la caña.
Sin embargo, la muerte de su hermano a manos del crimen organizado y el fallecimiento de su esposo a causa de un infarto, terminaron con el sueño de abrir un local comercial cerca de su hogar.
En el 2010 las amenazas del crimen organizado la trajeron hasta la ciudad de Oaxaca, y desde entonces se ha dedicado a vender cereal y jugo de naranja, un trabajo por el que al día gana hasta 400 pesos.
Su único ingreso familiar lo comparte con su hijo, un joven que después de su nacimiento fue diagnosticado de padecer ataques de ansiedad.
Durante seis días de la semana, de siete a 11 de la mañana, no para de exprimir decenas de naranjas para extraer el jugo que vende en 15 pesos.
Desde que empezó a vender jugos en el mercado más grande de la ciudad, las ganas por regresar a su natal Veracruz la motivan a empujar todos los días un carro similar al de los supermercados.
“Hay que ganarse los clientes, si no hay yo voy a buscarlos, si no vendo tengo que salir a hacer pedidos y ya sacó”, señaló y reconoció que la competencia por la venta del mismo producto se encuentra en cada esquina.
La mujer que sólo estudió la secundaria, aprendió que una sonrisa basta para ganarse un cliente “les ofrezco el jugo, de betabel, que de zanahoria, el verde y les digo para que sirve y se animan”.
Aun cuando las ganancias por la venta son positivas, el gasto por medicamentos para controlar en su hijo los ataques de ansiedad, la renta, la luz, agua y comida la dejan a fin de mes con poco dinero.
Durante los primeros días como comerciante ambulante, relata que por lo menos cuatro veces por semana era detenida por los inspectores, “me pedían dinero hasta que ya no me deje”.
En esta temporada de calor sus ventas disminuyeron cerca del 50 por ciento, en temporadas altas las ganancias están por encima de los 800 pesos.
