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Primero la escuela, después el fútbol

Foto(s): Cortesía
Redacción

Ismael Gijón podía olvidar los libros, pero no el balón…


Sin embargo, las prioridades cambian y después prefirió el estudio para concluir sus estudios como agrónomo.


Nacido en la ciudad de Oaxaca, hijo de Miguel Gijón Hernández y María del Carmen Cruz Ramos, Ismael Germán Gijón Cruz es el penúltimo de los nueve hermanos.


Creció en la zona de El Punto, a una cuadra de la escuela primaria Andrés Portillo.


Al hablar de su infancia, recuerda que antes de irse a la escuela se le podía olvidar todo menos el balón, y su mamá era quien le lo recordaba: “¡chamaco, los libros!”.


“Las famosas retas o cascaritas las jugábamos saliendo de la escuela. También disfrutamos de tarareadas en el callejón del Muerto donde hacíamos las tardedas”, recuerda.


º“A veces utilizábamos la plancha de la Plaza de la Danza donde nos pasábamos más de dos horas jugando, por lo que siento que tuve una infancia muy placentera y feliz”, expresa.


Cuando cumplió los 11 años, recuerda que por mandato de su padre, que era de oficio panadero, comenzó a ayudarle a hacer pan, obedeciendo ya que en esa época “éramos muy obedientes a las órdenes de los papás, pues su palabra era ley”.


Desde el sexto año ya trabajaba con su padre al ayudarle a entregar pedidos de pan, mismo que repartía por la zona de la estación del ferrocarril, así vivió hasta terminar la secundaria la cual cursó en la Federal Uno.


A los 17 años comienza  en el futbol reglamentado


Su incursión al futbol en forma se da cuando estando en la calle jugando con sus amigos, y ya con 17 años de edad, pasó el profesor Julio Girón y Oscar Ruiz y lo invitaron para ir a entrenar a la Escuela de Cruz Azul.


En ese entonces sólo escuchaba el nombre de Cesáreo Victorino, pero no lo conocía, y fue así como llega a La Escuela y comienza a entrenar.


Para su sorpresa, ahí se encuentra a su hermano Javier “el Conejo” Gijón, quien ya entrenaba con Cesáreo.


“Ahí es donde conozco a mis amigos como Ricardo Alarcón, Carlos Ayala, Abraham Ortiz, el Zully, Paco Uribe, el Pipo Medina, el Choco, entre otros.


“Tengo gratos recuerdos de la Escuela, un equipo a donde llegué y me cobijaron bien, y sobre todo reconozco que Cesáreo llegó para enseñar a jugar, y todos los que estuvimos ahí nos consta, y para muestra está que la mayoría de sus pupilos jugaron futbol profesional”, indica.


No concluyó su ciclo con la Escuela porque su padre le señaló que primero estaban los estudios y luego el futbol.


Se inscribió a la carrera de Ingeniero Agrónomo en lo que era el ITAO, que se ubica en terrenos de Nazareno, Xoxocotlán, graduándose en 1986.


“No tuve una carrera como jugador profesional, pero tengo otra carrera que es la que me ha sacado a flote y es la de Ingeniero Agrónomo que me ha dado lo que hoy tengo y con ello me siento más que contento. Tengo ya 30 años trabajando para el INEGI y próximo a jubilarme”, repuso Gijón Cruz.


Después de haber jugado con la Escuela de Cruz Azul, señaló haber integrado el equipo de Sasosa, para luego conformar las filas de Ciclo Sport, de ahí integrarse al Tec-Uncamavo, regresó al Ciclo Sport y terminó su trayectoria en Mayor A a los 34 años jugando para el equipo Universidad.


Ligado al futbol


Su ingreso al arbitraje fue por accidente o casualidad ya que estando de vacaciones y entrenando en el Tecnológico se estaban disputando los encuentros de Universiada.


Ahí se encontró a Oscar Ventura que estaba prestando los servicios en ese evento y me invita a apoyarle para sancionar los encuentros, pero sin conocer absolutamente nada.


“Me vistieron y me metieron de asistente. De ahí me invitaron a ir a las charlas arbitrales con Carlos Manuel Martínez Soto, y de ahí para adelante.


Pero aclara que antes de los encuentros de Universiada, tuvo otra probada previa en el arbitraje a invitación de Feliciano Peña quien le propuso sancionar encuentros de la Liga de Futbol Luis Donaldo Colosio.


“Fue una jornada que no me explico como la saqué ya sabía jugar, pero no es lo mismo”, recuerda.


“Hoy llevo 16 años dentro del arbitraje en el cual he aprendido mucho, sobre todo a hacer las cosas con profesionalismo, y que le agradezco a esta profesión ya que al ingresar como árbitro no he probado una gota de alcohol”, menciona, pues cuando jugaba, convivía con los compañeros después de los partidos.

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