Sólo recuerdos quedan de lo que eran las inauguraciones de las temporadas de las distintas ligas en la ciudad.
Donde los equipos buscaban lucirse llevando hermosas madrinas portando el banderín, o mascotas con el nombre del equipo, o simplemente sus impecables uniformes en los desfiles que resultaban una explosión de colores y alegría.
Los preparativos de los distintos equipos para asistir a una ceremonia de inauguración iniciaban una semana antes, se buscaba a la madrina, la mascota representativa del equipo, se diseñaba y elaboraba el banderín.
Compraban ramos o arreglos florales para la belleza que sería la que encabezaría el desfile del equipo, los dueños o delegados del equipo cuidaba que no se escapara cada detalle.
Esta fiesta representaba para muchas ligas, una ceremonia donde buscaba la perfección y quedar bien ante las autoridades que eran invitadas de honor, y con ello demostrar el prestigio de la Liga hacia las autoridades del deporte amateur y daba oportunidad a los deportistas de lucir sus mejores galas.
Las familias completas se daban cita en los escenarios deportivos, sólo para ver a sus esposos, tíos, papás o sus hermanos e hijos, desfilar con el once o representativo con el que iniciarían la lucha deportiva.
No cabe duda que el tiempo ha pasado, y en la actualidad estos actos ya son muy raros, debido a la apatía de los jugadores que le restan importancia.
Son tiempos que no volverán…
