Los Pueblos Mágicos de nuestro país cada año van en constante crecimiento. Estas localidades con sus atributos simbólicos, leyendas, historia, hechos trascendentes, cotidianidad, magia que te emanan en cada una de sus manifestaciones socio-culturales, significan hoy una gran oportunidad para el aprovechamiento turístico.
El año pasado se incrementaron en gran número. Uno de ellos fue la denominación de Pueblo Mágico a Aculco, en el Estado de México. Este destino conserva su arquitectura tradicional llena de callejones, casas de amplios patios y corredores, construcciones sostenidas por columnas de cantera y calles adoquinadas.
Por su antigüedad, resultan atractivos a los visitantes varis lugares, como la Plaza de la Constitución con su quiosco, las plazuelas Benito Juárez, Miguel Hidalgo y José María Sánchez, los lavaderos públicos, el edificio de la presidencia municipal y sus dos acueductos, conocidos como los Arcos.
Al igual, sus cascadas son más que conocidas en el municipio y valen la pena ser visitadas aunque de preferencia en tiempo de lluvia, según diversas páginas de turismo. Aculco es un lugar de manantiales increíblemente fríos, bellezas naturales y de una comunidad increíblemente cálida y tranquila.
Historia pura
Un sitio histórico de Aculco es el “Árbol Bicentenario” donde el cura Hidalgo ofrece misa en su camino hacia la capital del país. Los lavaderos públicos son muy bellos y siguen en uso alimentados con agua de manantial.
Casa Hidalgo
Este Pueblo Mágico está lleno de historia. Un acercamiento histórico a este sitio es observar la casa que brindó albergue a Miguel Hidalgo en su paso a la Ciudad de México el 5 y 6 de noviembre de 1810. En el Estado de México se encuentran conventos, iglesias y catedrales, sitios que se distinguen por su arquitectura ibérica del siglo XVI y en algunos aspectos evidencian la influencia de sus constructores indígenas, como se observa en la Parroquia de San Jerónimo, en este Pueblo con Encanto.
Parroquia y Ex Convento de San Jerónimo
El edificio de la parroquia y ex convento se empezó a construir en 1540; quien se acerque a este recinto, puede disfrutar de la sencillez propia de los franciscanos y de un estilo heredado del medioevo europeo que luce contrafuertes y ventanas pequeñas.
En recorrido por el convento podrás ver el reloj de sol, un óleo de la Santísima Virgen de Guadalupe y una pintura de Miguel Cabrera realizada en 1790, “La Última Cena”, que muestra el majestuoso trabajo de uno de los artistas más cotizados en la época virreinal. En el ex Convento sobresalen el óleo de San Antonio de Padua, la pintura de San Juan Nepomuceno y el de un franciscano abrazando la Santa Cruz.
Santuario del Señor de Nenthé
Cuenta la leyenda, que un día el viejo templo se incendió; los pobladores empezaron a buscar preocupados el paradero de la imagen; para su sorpresa la encontraron intacta al pie de una encina de la cual comenzó a brotar un manantial. En este pequeño santuario de arquitectura moderna, se venera la imagen del Señor de Nenthé o “Señor del Agua” a quien se atribuye diversos milagros. Hasta hoy, cuando la temporada de sequía es muy fuerte, los pobladores sacan la imagen en procesión para pedirle que llueva.
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En Aculco todavía es visible su arquitectura tradicional llena de callejones, casas de amplios patios y corredores, construcciones sostenidas por columnas de cantera y calles adoquinadas. Por su antigüedad, resultan estos detalles muy atractivos para los visitantes. Además, este Pueblo Mágico es rico en minas de cantera que han sido explotadas desde los tiempos prehispánicos y durante el virreinato brindaron el material para las construcciones.
¿Sabías que?
Aculco es una de las poblaciones más bellas del Estado de México. Recientemente, su nombramiento como Pueblo Mágico se debe a las notables riquezas naturales y con su paisaje de columnas basálticas que parecen extenderse hasta el infinito.
