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Manlio Ramírez: la mirada descubridora de mujeres de Mixistlán

Foto(s): Cortesía
Redacción

¿Dónde fue su cuna?


En "solo Veracruz es bello”, en la capital de Jalapa, donde la cultura brilla a través de una de las Universidades más  perseguidas por los aspirantes a una carrera, que llene sus aspiraciones en la vida.


Aquí nació Manlio Ramírez; en este lugar realizó sus primeros  estudios hasta llegar a declinarse por  la fotografía; a través de cursos en distintas partes de la República, fue adquiriendo  la experiencia  profesional; en esa forma  acompaña  a su querida hermana, la poeta Miroslava Ramírez, autora  del  poemario “Pasiones  Emboscadas”, cuyos  poemas plasma  en cada fotografía de un paisaje recreativo ofrecido por la misma naturaleza, que se presta a alternar la nostalgia con la belleza  de la poesía, de una mujer hecha un poema.


La exhibición de estas obras fotográficas  tuvo lugar aquí en nuestro suelo oaxaqueño, y aquí  mismo llega  a la Casa de la Cultura  Oaxaqueña, a exponer  la obra artística  fotográfica  de un pueblo quizá olvidado por algún tiempo: Mixistlán, Oaxaca.


Cuya vestimenta regional se compone  de blusa color  turquesa, con falda  hilada de color negro o gris, huaraches hechos por los  mismos  habitantes y tocado bellísimo de estambres de lana a la cabeza en color rojo, con sus collares de cuentas de vidrio en color  blanco.


Mientras  los hombres  lucen su vestimenta en blanco cotón  y calzón;  con huaraches, jorongo de lana virgen y sombrero negro de panza de burro.


Estos  bellos rostros  del pueblo  jamás conquistado, mantienen  su alegría  a través de la música que los caracteriza en el Jarabe Mixe, quienes  solo  una vez asistieron  a la Guelaguetza  de los Lunes del Cerro, en el escenario del Cerro del Fortín.  Desde entonces, nunca los hemos vuelto a ver participando  en nuestra  máxima  fiesta  de todos los tiempos. 


Creatividad


Manlio  Ramírez es único en su difusión  por  retratar los momentos  precisos de  las mujeres de Mixistlán, cuyas  imágenes nos ofrecen  la frescura de su existencia, en  la esencia de su música  cuya  alegría se refleja en el niño tocando  la tambora y las mujeres  sus instrumentos de viento, que conforman una banda musical, cuyas  notas estremecen los corazones  de quienes como ellos recibieron  una buena acogida  por el mismo pueblo.


El fotógrafo no perdió el instante preciso  para captarlo a través de su cámara  y traerlo ante  nosotros  para ser los mejores espectadores  de una obra fotográfica, de una región de sumo interés.


Crítica


Ramírez, a pesar de su edad, tiene el entusiasmo  de trabajar el lente fotográfico, donde busca la pose, la magia  del momento indicado, tal como lo muestra  en su arte fotográfico, de un estilo  muy personal, donde  trata  de caminar hacia adelante, para mostrarnos no solamente  el paisaje, sino  a las  personas  ataviadas  del bello traje  que identifica a una de las regiones  recónditas de Oaxaca, con su ingenuidad, con  la música  que alegra  los pasajes de sus propias vidas, ese  es el contenido  que nos  cimbra  la emoción de un rostro indígena  de una comunidad  apartada  del ruido capitalista de automovilistas sin educación  vial.


Esta es una cultura intocable en cierta forma, de ese pueblo envuelto en el  quehacer doméstico-campesino. Su pasión  es la música y su andar es la búsqueda en el campo por la sobrevivencia personal.

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