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El general Felipe Ángeles, artillero de la Revolución

Foto(s): Cortesía
Redacción

El general Felipe Ángeles (nacido en Zacualtipan, Hidalgo, el 13 de junio de 1868 y fusilado en Chihuahua, el 26 de noviembre de 1919), fue el militar con mayor preparación humanista y técnica de los que participaron en la Revolución Mexicana. En todos los ensayos y biografías escritos sobre su persona y trayectoria, se destacan el talento, sentido del honor y honestidad que lo caracterizaron.


Incluso, el general Emiliano Zapata, a quién debió combatir en Morelos, le escribió al general Ángeles (cuando éste se encontraba en EUA): “Estimado general: Por varios conductos he tenido ocasión de ser informado de la correcta actitud que usted ha sabido conservar en ese país, sin manchar en lo más mínimo sus antecedentes de hombre honrado y militar pundonoroso, que hace honor a su carrera. De hombres así necesita la revolución (…)”.


El maestro Adolfo Gilly, biógrafo destacado del general y autor de los libros Felipe Ángeles en la revolución (2016) y Felipe Ángeles, el estratega (2019),  destacó: “Felipe Ángeles, el oficial de más alta graduación y mayor capacidad profesional entre los que sumaron a las filas revolucionarias, vencedor en el campo de batalla del Ejército Federal y a la vez su producto más honesto y depurado”.


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Felipe Ángeles inició sus primeros estudios en Huejutla, continuando luego en la Escuela de Molango y el Instituto Literario de Pachuca. A los catorce años ingresó al Colegio Militar, donde sobresalió como uno de los oficiales más brillantes, egresando como Teniente Técnico de Artillería, estudios que perfeccionó en Estados Unidos y en Francia le fue concedida la orden de la Legión de Honor por los méritos realizados durante sus estudios.


Al ser derrotado Porfirio Díaz, quien renunció a la presidencia el 25 de mayo de 1911, fue proclamado presidente de la República, Francisco I. Madero, luego de celebrarse unas elecciones extraordinarias. El nuevo presidente llamó a Felipe Ángeles –que se encontraba en Francia– y lo designó director del Colegio Militar. 



En junio de 1912, fue ascendido a general brigadier. 


El 9 de febrero de 1913 fue derrocado el gobierno constitucional, por un cuartelazo encabezado por los generales Victoriano Huerta, Félix Díaz (sobrino de don Porfirio), Bernardo Reyes y Manuel Mondragón.


Los traidores arrestaron al presidente Madero, al vicepresidente José María Pino Suárez y al general Ángeles, a quienes declararon prisioneros en Palacio Nacional. Asesinados Madero y Pino Suárez, el general Ángeles fue recluido en la prisión de Lecumberri y luego desterrado a Francia. El déspota Huerta no se atrevió a asesinarlo, porque se trataba de un militar ejemplar que gozaba de respeto entre sus iguales. 


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De Europa, el general Felipe Ángeles volvió en el año 1918 para unirse a las fuerzas revolucionarias del general Francisco Villa que enfrentaba al golpista Huerta. 


A propósito de esta unión, el general Ángeles escribió en carta a su amigo Manuel Calero: “Siendo Villa uno de los factores más importantes de la lucha actual, tendré que esforzarme por convertirlo de elemento de anarquía en elemento de orden”. Ángeles se convirtió así en el principal artillero de la División del Norte y a su sapiencia en el manejo de la artillería pesada y de la táctica de guerra, se logró la victoria en la Batalla de Zacatecas, entre otras destacadas acciones militares protagonizadas por el Ejército Villista. 



Luego de cinco meses de camaradería y amistad, la relación con el general Villa se resquebrajó. De acuerdo al testimonio de uno de sus ayudantes, el general y Pancho Villa se separaron en la madrugada del 30 de octubre de 1919. Villa, refiere el ayudante, le dijo a Felipe Ángeles que se cuidara: “una vez más, le recomiendo que no se me ande usted con confiancitas”. 


Ángeles fue traicionado por uno de sus escoltas, Félix Salas, y fue capturado el 15 de noviembre de 1919, en una cueva del Cerro de las Moras, en Chihuahua. Trasladado a la capital del estado, se le formó un Consejo Extraordinario de Guerra, donde Felipe Ángeles, sentenció: “Sé que me van a matar; pero también sé que mi muerte hará más por la causa democrática, porque la sangre de los mártires fecundiza las grandes causas”.


Fue condenado a muerte, acusado de rebelión. Al rechazar los servicios de un cura confesor, el general expresó: “Mejor que un confesor, debería estar aquí un psicólogo, que estudiara en provecho de la humanidad, los últimos momentos de un hombre que teniendo amor a la vida, no teme perderla”.


“Señores, hasta luego. ¡Que sean felices y que mi México amado goce de paz para siempre!, se despidió de sus amigos que lo acompañaban. 


Muy erguido, el general Ángeles cruzó el patio a grandes pasos y, situándose frente a los fusiles ya tendidos de los soldados, él mismo ordenó, con voz fuerte: ¡Fuego! (Magazín de La Opinión, Los Ángeles, California, domingo 24 de mayo de 1931).


Era el 26 de noviembre de 1919. 

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