La comunicación masiva -con un vasto repertorio de historias, reportajes, documentales, antes en los medios impresos, la televisión o la radio y ahora en la época digital- permite transportamos a sitios que de otra forma no fuera posible conocer; como bellos paisajes naturales y arquitectura antigua; así como a disfrutar música de otros países y distintos tipos de arte. Encontramos videos que captaron momentos extraordinarios, que al mirarlos nos provocan una sensación placentera.
La violencia hecha espectáculo
Por otro lado, con frecuencia las noticias también llaman nuestra atención al mostrar los sucesos cotidianos que son cada vez más violentos; nos hacen espectadores de situaciones atroces y hechos sanguinarios (asaltos, linchamientos, feminicidios, etcétera) realizados sin clemencia por individuos o grupos delictivos, lo que el transmisor sabe explotar por el rating o la cantidad de vistas, pues al parecer como espectador, se alcanza un cierto disfrute sea en el rechazo o afinidad.
¿Violencia por violencia?
Existen países donde ante la creciente preocupación por disminuir la violencia, se adoptan políticas de trabajo forzado en sanciones por delitos menores y la pena de muerte cuando es perpetrado un crimen, como sucede en la República de Singapur. Sorprende también que un país como Japón, a pesar de haber sufrido los ataques nucleares con las bombas atómicas y los estragos de esta gigantesca agresión, se ha sobrepuesto en muchos aspectos sociales, como educación, ideología y espiritualidad.
La esperanza
Parece que este problema social no se logra erradicar, porque aún con leyes severas o aplicando violencia a la violencia, ésta surge en el ser humano de formas distintas y con diferente intensidad; paradójicamente, la función de razonamiento, lejos de contrarrestar los impulsos en algunos individuos, eventualmente ayuda a sofisticar la manera en que dicha violencia se ejecuta. Lo anterior lleva a pensar que la racionalidad muchas veces no impide la realización de actos que dañan a los demás. Al parecer, en el ser humano prevalece un salvajismo primitivo de fuerza irrefrenable. Sin embargo, el hecho de que una persona no se convierta en agresor, a pesar de haber sufrido maltrato físico o psicológico, nos indica que sí hay formas de resolverla.
Invitación
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