Putla Villa de Guerrero es una comunidad que se encuentra entre la frontera de las regiones Sierra Sur y Costa, por ello se encuentra influenciada de diferentes culturas; y así se percibe en sus fiestas de carnaval, que se celebran tres días antes del Miércoles de Ceniza.
Durante la edición 192 de este festival, más de cuatro mil personas se dieron cita en esta comunidad y abarrotaron sus calles, las cuales por la noche se convirtieron en pistas de baile.
La algarabía de los putlecos y su creatividad salió a relucir en sus trajes, pues además de la presencia de las tres principales comparsas, Los viejos (tiliches), La danza del Macho (las mascaritas) y Los Copalas, diversos personajes deambulaban por el centro de Putla.
El pueblo que se convierte en tiliche
Durante los días de carnaval es común encontrar personas disfrazadas de tiliches por todos lados, niños, mujeres, adultos mayores, prácticamente todo el pueblo se integra a esta celebración y porta con orgullo esta ropa que se integra por retazos de tela, a pesar del imperante clima caluroso que se siente en esta comunidad.
A pesar del cansancio que conlleva bailar y beber durante tres días consecutivos, los tiliches no dejan de moverse al ritmo de los diversos sones una y otra vez; saltan, bailan y gritan de alegría contagiando a los más pequeños, que a su corta edad ya pueden sentir ese orgullo de ser putleco.
Por las mañanas la fiesta cobra factura, sólo algunos niños deambulan por las calles, comerciantes y otros trabajadores se encargan de la limpieza del centro. Pero los trajes de tiliches tendidos, diversos envases de curados y cervezas dan idea de lo que se vivió la noche anterior.
Organización y un espacio para todos
A pesar de que Putla no es una ciudad enorme, hay una organización adecuada para que las distintas comparsas que participan puedan ser admiradas por los cientos de asistentes que congrega esta festividad.
Mientras Los Copalas bailaban en la plaza Juárez, un grupo de Viejos lo hacían frente al Palacio Municipal; el atrio de la iglesia de La Virgen de la Natividad se convirtió en el escenario de la Danza del Macho, una de las comparsas que congrega mucha gente, pues en ella se danzan 15 bailables diferentes y tiene una notable influencia de la Mixteca Alta.
Sin presentarse algún pormenor, las diferentes comparsas muestran su alegría y fulgor en estos espacios que convergen en el centro de Putla, los visitantes nacionales y paisanos disfrutan de un ambiente ameno que es fomentado por las distintas bandas que también acompañan a las comparsas.
El toro y el tenate, objetos de deseo en el carnaval putleco
De alguna manera hay dos elementos que promueven una especie de competencia entre quienes integran la comparsa de los viejos, uno de ellos es el toro, una pieza de cuero de res que simboliza aquel toro que extravió un hacendado hace años y que ponía de cabeza a todo el pueblo para encontrarlo, pues la recompensa era muy atractiva. En la actualidad se realiza una representación de esta anécdota, pues esta pieza se esconde en algún predio de Putla y todos los tiliches van en busca de él imitando el sonido que producen estos animales durante su expedición, quien logre localizar al toro obtiene una recompensa.
El robo definitivamente es la parte más esperada de los martes de carnaval, pues quien logre hacerse de un tenate que la autoridad municipal libera entre la multitud, podrá adquirir una jugosa suma de dinero, en este año fue de 10 mil pesos. Aunque pareciera un asunto relativamente sencillo todo se complica cuando los tiliches se arman con tallos de chicatas, una planta que libera una sustancia que irrita la piel, y que ocupan como látigo para golpear a quien intenta llevarse el dinero.
Normalmente este último acto termina con algunos conatos de violencia que tienen que ser disipados por las autoridades, ya que esta hazaña involucra la fuerza y resistencia de los participantes.
Es sorprendente ver como estas tradiciones no se han perdido, al contrario los niños dejan de lado la modernidad de personajes de la televisión y se visten de tiliches, como sus padres, abuelos o tíos. Más allá de la fiesta se percibe ese orgullo, muchos de sus turistas, en realidad son paisanos que por distintas razones tuvieron que migrar de Putla, pero cada año buscan la manera de volver, viajando por horas para poder enfundarse en un traje de tiliche o portar una máscara, no importa, el único fin es disfrutar de la fiesta que une a los putlecos, de esa que les da identidad y que por algunos días los hace escapar de la realidad.
