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Psicoanálisis para la vida cotidiana

Ilustración conceptual que representa el peso psíquico de las expectativas, relacionado con el psicoanálisis en la vida cotidiana.
Foto(s): Cortesía
Redacción

El siete de octubre de este año cumplimos una década de haber salido a la luz como instituto con el ciclo de conferencias La vigencia del psicoanálisis. Sin embargo, quienes iniciamos este bello proyecto comenzamos a trabajar desde abril de 2016, apenas un par de semanas después de mi regreso a Oaxaca. Desde entonces, la pregunta por la vigencia del psicoanálisis no ha sido para nosotros una consigna vacía, sino una orientación de trabajo: ponerlo a prueba en la vida real, en el territorio y en la comunidad.

La vigencia del Psicoanálisis

Desde los primeros encuentros de estudio tuvimos clara una política: democratizar el psicoanálisis. Sólo así podríamos dar cuenta de su vigencia —o de la falta de ella— en el presente. La frase con la que se fundó el Instituto de Estudios e Investigación Psicoanalítica (INEIP A.C.), Psicoanálisis para todos, ha permeado cada proyecto y cada dispositivo clínico-social que hemos generado. Con el tiempo, esa divisa se transformó en Psicoanálisis para todas y todos, una mutación que expresa no solo una sensibilidad acorde a la época, sino una ética de apertura y hospitalidad hacia la comunidad.

Nos consideramos privilegiados al poder sostener un ejercicio clínico comunitario en las agencias municipales de Dolores, San Juan Chapultepec y Pueblo Nuevo. La confianza de sus agentas nos permite dar inicio a la implementación de dispositivos clínico-sociales e instalar consultorios psicoanalíticos comunitarios, aprendiendo en cada experiencia y afinando, paso a paso, la infraestructura clínica del INEIP. De esa trayectoria surge ahora un dispositivo sombrilla: Psicoanálisis para la vida cotidiana. Aunque su formulación escrita había permanecido en espera por la simultaneidad de otros proyectos y urgencias institucionales —entre ellos la Cátedra psicoanalítica, destinada a la formación de psicoanalistas—, ha llegado el momento de darle forma, fundamento y proyección a algo que, en muchos sentidos, ya veníamos labrando en la práctica.

Hablemos de... ser madres y padres

Cuando digo que este proyecto ya ha sido labrado, me refiero a que el intento de hacer llegar el psicoanálisis a la comunidad ha tomado diversos caminos. Uno de ellos fue “Escuela psicoanalítica para padres”. Confieso que desde el inicio esa fórmula me generó reservas, pues, aunque reconozco el valor de la pedagogía y sus avances, también sé que, en ciertos usos, puede convertirse en un peso para la subjetividad y la soberanía psíquica. Un psicoanalista no debería plantarse como profesor de la vida familiar ni como portador de recetas para la crianza, menos aun cuando trabaja de cerca con la realidad comunitaria. Por eso hoy encuentro más justo y fértil el nombre “Hablemos de... ser madres y padres”. Este proyecto solo cobra toda su potencia bajo el cobijo de Psicoanálisis para la vida cotidiana, cuya premisa es acercar el saber freudiano a la ciudadanía como una herramienta práctica para las vicisitudes de la vida familiar y social.

Aun cuando ya existía un antecedente de trabajo en esa dirección, tanto el fundamento psicoanalítico como el compromiso ético con la comunidad, exigían darle una vuelta de tuerca. Conviene, entonces, explicar por qué una escuela para padres, en su acepción más tradicional, no parece ser ni el nombre ni la modalidad más conveniente para un proyecto de esta envergadura.

Continuará el miércoles…

No te pierdas nuestros artículos de “Consultorio del alma” y de “Lecturas para la vida”, donde leerás el encuentro ético entre el analista y su propia ignorancia frente al saber.

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Primera de dos partes

 

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