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Miscelánea: Zapata vive y vive

Foto(s): Cortesía
Redacción

Leonardo PINO

“Víctima de la más negra de todas las traiciones, cayó ayer, gloriosamente, atravesado por las cobardes balas enemigas, nuestro inolvidable y heroico General en Jefe, don Emiliano Zapata. Que las maldiciones de todos los buenos mexicanos, de lo que hayan sabido comprender la grandiosa obra del más grande y desinteresado revolucionario mexicano, caigan sobre los nombres maldecidos y malditos de los cobardes asesinos”. 

Así comunicó, el 10 de abril de 1919, general Gildardo Magaña a la opinión pública, la muerte del líder suriano. A pesar del prestigio que tenía el Jefe Magaña en la tropa zapatista y en la población morelense, muchas y muchos descreyeron su dicho y prefirieron imaginar otro camino para el general.

La negación colectiva de la muerte del caudillo, comenzó desde la exposición misma de su cadáver en Cuautla; allí mero brotaron respuestas que tranquilizaron a los zapatistas y daba vuelo al mito naciente: Miliano era muy listo para creer en Guajardo y no fue él quien entró a la hacienda de Chinameca, sino que un compadre que se le parecía; el jefe se fue con un compadre árabe, que se lo llevó “pa’ Larabia, donde lo tratan como rey”. Esa Arabia creada y trazada por los campesinos, tiene límites y distancias favorables al desplazamiento del jefe; se halla lejos, pero cerca: lejos, porque allá no lo podían encontrar los “carranclanes” y tan cerca que el general podía bajar a Morelos cuando le diera la gana. 

En su libro, Emiliano Zapata entre la historia y el mito, Salvador Rueda Smither recoge varios testimonios de veteranos zapatistas. Por ejemplo, Don Serafín Plascencia, de Villa de Ayala, narró: “Ya quedaron Guajardo y Zapata como compañeros, pero ya la traición era para él, para Zapata (...) Había un compadre que sabía que lo iban a fusilar a Zapata y entonces ese compadre fue y le dijo allá en la Piedra Encimada: Compadre, vengo a morir por ti; nomás te encargo a mi mujer. Me haces favor de darme tu traje, tu sombrero, tus espuelas y el caballo. Y ahí estuvo lo bueno. Entonces estaba un árabe, compadre del general Zapata y le dijo: Pus no más nos pelamos. Y pelaron gallo. Se fueron para Arabia. Bueno, total que se escapó el general Zapata”.

Por su parte, Don Agapito Pariente, de Tepalcingo, amparado en la autoridad bíblica dijo: “Pues se salió de allá, que se chispa y se va. Se fue a la vida privada como el profeta Moisés, ¿Usted no ha leído las Escrituras? Porque Moisés sacó a sus hijos de Egipto, los dejó unos días y se alejó para la Tierra Santa. Y pues yo digo que así ha de haber sido”. 

Palabras de meros zapatistas guardan la vida del jefe y aseguran su inmortalidad.

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