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“Los quiero a todos por igual”

Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Rafael Alfonso

A los padres se les exige, casi por mandato social y moral, demostrar un afecto equitativo a todos sus hijos. Es una de las metas más nobles de la crianza, pero también una de las más complejas de ejecutar con honestidad. En el intento de cumplir con este ideal, muchos padres caen en el esfuerzo fútil de ocultar sus predilecciones naturales, creando una atmósfera de "igualdad forzada" que, a menudo, los niños logran desmantelar con su aguda intuición.

Gracias a la clínica, podemos constatar que la competencia por el afecto de los padres no es una anomalía de la crianza, sino una realidad biológica y psíquica que merece atención, porque no es extraño enterarse de que un recurso primitivo delque los niños echan mano para asegurarse un lugar especial en el corazón de sus progenitores es la agresión física y verbal hacia el hermano intruso.

Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, describió cómo los celos son una parte propia y necesaria del desarrollo y la vida infantil. Para el niño, el amor de los padres no es un recurso renovable o infinito, sino un territorio que debe ser defendido.

Los celos surgen a medida que el niño se da cuenta de que no es el centro del universo de sus padres. Este "despertar" suele ser doloroso. Con la llegada de un hermano el niño mayor experimenta lo que Freud denominó una herida narcisista. La demanda de atención y afecto del recién llegado es vista como una invasión. Ante las atenciones que los padres por necesidad brindan al más pequeño, no es descabellado suponer que el niño asuma que: "Si hay amor para él, hay menos para mí".

A menudo juzgamos el egoísmo infantil desde una óptica moral adulta, pero en el mundo del infante, el egoísmo es una herramienta de supervivencia. A partir de esa misma moral los padres censuran su predilección por alguno de los hijos, y afirman, en ocasiones de manera poco convincente, querer a todos por igual. La revelación de que esto es falso no corresponde al psicoanálisis. Ya la Biblia habla con mucho más libertad de la predilección de los padres por ciertos hijos, y cómo esto engendraban en los hermanos celos, que eran el motor de actos atroces.

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