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Lecturas para la vida: Recorrido en bestias

El último unicornio
Foto(s): Cortesía
Alejandra López Martínez

Mónica Ortiz Sampablo // Tercera de diez partes

Hace no pocos años, en mi niñez, el acceso a las pantallas se limitaba a la televisión y el cine; mediante la televisión -si se contaba con una- podíamos ver lo que la tv abierta ofrecía o tener la posibilidad de acceder al contenido de los VHS o BETA -formatos para ver películas en videocaseteras-. “El último unicornio” marca mi entrada al mundo de los animales fantásticos, que hasta ese momento ignoraba que existían, si a duras penas conocía los animales domésticos, y en la escuela todavía no llegábamos a hablar de los dinosaurios; mi cultura en ese aspecto era limitada.

Agradecí aquella mañana de periodo vacacional en la que mis primos encendieron su televisor, no despegué los ojos de principio a fin ante lo que el filme nipo-estadounidense mostraba: un unicornio hembra, el último de la especie es perseguido y amenazado, la magia del contexto envuelve a todo niño. Brujas, magos, princesas, la lucha del bien contra el mal, el unicornio y el Toro rojo; seres fascinantes que me acercaron a buscar en libros animales parecidos, la inocencia no tiene límites y lo primero que hice al llegar a casa fue buscar en las enciclopedias de Time Life al unicornio; lástima, no lo encontré.

Lo que sí encontré en las páginas de aquella enciclopedia fueron animales que hasta entonces no conocía: caballos de diferentes razas, la majestuosidad del árabe, los pintos, los percherones, incluso los de mar. El asombro ante los descubrimientos de la infancia es irrepetible, es el punto en que se revela aquello que permanecerá durante toda la vida como un sello personal; en mi caso, el afán de descubrir seres que, aunque inexistentes en la realidad me llevaron a mundos de la imaginación que prevalecen hoy en día.

No encontré al Unicornio en ninguna enciclopedia de la naturaleza, aquel ser que Plinio describió como una criatura mitológica formada con base en la fusión de un caballo con un animal cornudo, ese que tuvo un papel determinante en los escritos de algunos historiadores griegos y viajeros de todos los tiempos, pero encontré la necesidad de buscarlo, perseguirlo y asumirlo como mi bestia de compañía.

Continuará el próximo lunes…

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