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LECTURAS PARA LA VIDA: La bruja de Hainberg

segunda
Foto(s): Cortesía
Redacción

Fausta Ibáñez Ríos

La escritora y psicoanalista Luíza Gustávovna Salomé nació en San Petersburgo durante el imperio ruso el 12 de febrero de 1861 y murió en una casita situada en la abrupta ladera de Hainberg, a gran altura de la ciudad de Göttingen, Alemania, a la edad de 76 años el 5 de febrero de 1937.

Desde una edad temprana se revelaba curiosa, inteligente y descontenta con la educación tradicional y el sometimiento que vivían las mujeres de su época; su espíritu libre trascendió las convenciones y tradiciones en cuanto a modos de vida femeninos.

Prejuiciosamente, en más de una ocasión ha sido mencionada no precisamente por su trabajo intelectual y literario, sino por la relación que tuvo con los hombres sobresalientes en la esfera intelectual; algunos la nombraron coleccionista de genios.

El primer hombre con quien se relacionó a sus 17 años fue Hendrik Gillot, predicador alemán a quien convenció que le enseñara teología, filosofía, religión, literatura francesa y alemana.

En 1880 convenció a su madre que la llevara a Zúrich, Suiza, con la finalidad de inscribirse en la Universidad de habla germana que era la única donde se les permitía estudiar a mujeres. Su madre, prejuiciada con la ideología de la sociedad, no quería que Luíza estudiara y con el pretexto de la salud de su hija, que en ese entonces tosía sangre, la acompañó.

A sus 21 años viajó a Roma nuevamente con su madre y en un salón literario conoció a Paul Rée; ella le propone formar una comuna literaria a la que dos meses más tarde se une Friedrich Nietzsche. 

Ella se vuelve cercana a este último, su colaboradora y muchas veces su consejera, hasta que él le propone matrimonio, mismo que ella rechaza, lo que hace que Lou se aleje de Nietzsche.

Poco después conoce al lingüista Frederick Andreas con quien contrae nupcias y sostiene un matrimonio célibe, hasta la muerte de él. A sus 36 años se enamora de Rainer Maria Rilke, con quien mantuvo una relación amorosa de varios años.

En 1911 conoció a Sigmund Freud, con quien mantuvo una relación de admiración y respeto. Fue su alumna en 1915 y comenzó a ejercer la clínica psicoanalítica, a la cual se dedicó durante 20 años. Su obra comprende una gran variedad de ensayos, críticas y artículos que publicó en periódicos, revistas literarias y científicas, además de escritos sobre sus experiencias personales y el papel de la mujer en la sociedad. 

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