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Lecturas para la vida: El mar y sus criaturas

Niña en el mar
Foto(s): Cortesía
Alejandra López Martínez

El mar y sus criaturas // Segunda de cinco partes

El viaje en avioneta fue una experiencia fascinante; desde lo alto, la ciudad se convirtió en un mapa lejano, después solo montañas y el vértigo que se transformó en náuseas; mi madre me ofreció una mota de algodón con olor fuerte, lo que calmó todo malestar. La experiencia duró muy poco tiempo, pero nunca la olvido, desde el despegue hasta el aterrizaje; ¡claro! todavía faltaba lo mejor. De pronto, las montañas se esfumaron y una gran mancha azul inundó mis ojos.

Al llegar a tierra tomamos un taxi; Luciano y mi madre habían rentado una cabaña cerca de la playa, mi corazón se había transformado en una criatura que buscaba escapar de mi pecho. Mis ojos buscaban el mar, bajé la ventanilla del auto y entró una bocanada de aire caliente; después, una brisa ligera con olor a molusco. Entonces pregunté cuánto faltaba para llegar a la playa y el taxista dijo: "El mar avisa, pequeña"; tal parecía que solo estaba esperando a que alguien detonara el diálogo para iniciar con su interrogatorio, que se prolongó por lo que restaba del trayecto. Pero era cierto, el mar había dado señales con la brisa y el olor, porque al bifurcarse el camino, el panorama se tornó completamente tropical, y el sonido del agua en gran cantidad me hizo gritar de emoción: "Ya llegamos, ahí está, ¿puedo bajarme?"

Bajamos del auto, me quité el calzado y corrí hacia la orilla; de pronto sentí la calidez de una mano sobre mi hombro; Luciano me alcanzó: "espera, vamos juntos", dijo; acepté su cercanía paternal, algo me decía que él había convencido a mamá de ir, pues ella desde siempre había declarado que prefería el frío al calor, la montaña a la playa, y en resumen, que el mar le provocaba miedo.

Cerré los ojos, el agua tibia bañó mis pies, el sol iluminaba el agua como en los cuadros de Turner, la luz rebotaba y creaba efectos, formas que comencé a acomodar en mi mente; ese día me conformé con la envoltura marina, no busqué sirenas, ni tritones, el mar en si mismo se me revelaba como una criatura misteriosa y fascinante.

Continuará el próximo miércoles…

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