Rafael Alfonso
Si ha existido un lugar donde los hombres eran duros como el cuero, ese ha sido el Salvaje Oeste, lugar polvoriento y mítico donde las balas silbaban tanto como el viento. En aquellas praderas un nombre brilla con luz propia, aunque esa luz sea más bien el destello de un disparo en la oscuridad; aquel nombre es Billy the Kid.
Este jovencito de sonrisa pícara y gatillo fácil, cuyo verdadero nombre era William McCarthy —pero que también se hacía llamar William H. Bonney—, se convirtió en el ícono del forajido por excelencia. Nació en 1859 en Nueva York, en el seno de una familia de inmigrantes irlandeses, pero su destino estaba escrito en Nuevo México.
La familia McCarthy se estableció en Silver City buscando un alivio a la tuberculosis de la madre, quien finalmente falleció dejando en la orfandad a Billy y a su medio hermano.
Billy realizó diferentes labores y no fue ajeno al hurto, pero en el condado de Lincoln conoció a John Tunstall, ranchero que le dio trabajo y al que éste llegó a considerar como un segundo padre.
Dicen que Billy era un jovencito encantador, bromista y leal con sus amigos, sin embargo, cuando se trataba de defenderse o vengar a los suyos, se transformaba en una fiera. Fue precisamente el asesinato de John Tunstall, lo que acercó al joven William a la fría justicia del revólver, y a partir de ahí, su vida fue un torbellino.
Conforme a la ley de aquel entonces, Billy formó con trabajadores del rancho una partida a la que llamó “Los Reguladores” para hacer efectivas las órdenes de aprehensión en contra de los asesinos de su patrón.
Los responsables de la muerte de Tunstall, amparados por los poderes fácticos del condado, no se imaginaban que un jovencito los perseguiría de forma implacable. Se dice que los jueces, por estar coludidos con los asesinos, suspendieron dichas órdenes de aprehensión y boletinaron a “Los Reguladores” como forajidos iniciando su persecución. Fue en uno de estos intentos por detener a los justicieros, que la banda se vio envuelta en un tiroteo donde murieron dos agentes de la ley.
A partir de ahí nació la leyenda de Billy the Kid. A él solo se le atribuyen 21 asesinatos, aunque algunos historiadores bajan la cifra a 9. Entre sus víctimas más famosas está el sheriff William H. Brady, a quien mató a sangre fría para fugarse de la cárcel de Stinking Springs, donde esperaba ser ahorcado.
Jinete habilidoso, líder nato y carismático, era amigo de nativos americanos y mexicanos, que le ofrecían refugio. El 14 de julio de 1881, la suerte de Billy The Kid llegó a su fin. Pat Garrett, un antiguo forajido y aventurero, investido como Marshall, lo acorraló en Fort Sumner y, tras un breve enfrentamiento, lo mató a tiros. Billy tenía sólo 21 años.
La figura de Billy the Kid ha fascinado al público durante más de un siglo. Su historia ha sido contada y re-contada en libros, canciones y películas. Cada cinta ha dado su propia versión del personaje, desde el héroe rebelde hasta el asesino despiadado. Sin duda, la imagen cinematográfica más poética en torno de este personaje la encontramos en "Pat Garrett y Billy the Kid" de 1973, dirigida por Sam Peckinpah.
Antes de morir, Billy y su pandilla disparan sobre el Sheriff que interpreta Colin Baker y éste camina para morir junto al río a la vista de Katy Jurado (enmarcada por oscuras nubes). Mientras el hombre muere, se escucha en el fondo la pieza de Dylan, Knockin' on Heaven's Door.
