Rafael Alfonso
En su novela distópica 1984, el escritor británico George Orwell imaginó un mundo en el que el gobierno totalitario controla a la población mediante la vigilancia constante, la propaganda y la represión. En este mundo, el Gran Hermano, el líder supremo, es omnipresente y todopoderoso. Sus ojos están en todas partes, y sus oídos escuchan todo. La gente vive en un estado de miedo y paranoia, temiendo ser descubierta por el Gran Hermano y castigada por sus pensamientos o acciones.
La novela de Orwell es una advertencia sobre los peligros del totalitarismo. Sin embargo, en los últimos años, algunos observadores han argumentado que la proyección de un mundo orwelliano está alcanzando los tintes de una inquietante realidad. En particular, han señalado la relación entre el Gran Hermano y el desarrollo de las empresas globales.
Las empresas globales tienen acceso a una cantidad de datos sobre las personas que nunca antes había sido posible. Pueden rastrear nuestros movimientos, nuestras compras, nuestras conversaciones y nuestros hábitos íntimos. Esta información puede ser utilizada para manipularnos, controlarnos y, en última instancia, para reducirnos al papel de consumidores pasivos.
En este sentido, las empresas globales están desempeñando un papel similar al Gran Hermano en la novela de Orwell. Son omnipresentes y todopoderosas, y se entrometen en nuestras vidas en una forma cada vez menos sutil.
Hay muchos ejemplos de la intrusión de las empresas globales en la intimidad. Las empresas de tecnología utilizan los datos de localización de los teléfonos móviles para rastrear los movimientos de las personas. Esta información, en principio con el inocuo propósito de personalizar anuncios publicitarios, también puede ser utilizada para vigilar a la población o para recopilar datos sobre su comportamiento.
Con el auxilio de la inteligencia artificial, las empresas analizan datos como compras, conversaciones y búsquedas en Internet. Esta información es clave para predecir el comportamiento de las personas, y eventualmente crear perfiles psicológicos de ellas y manipularlas.
Aunque la privacidad es un derecho fundamental que nos permite vivir nuestras vidas sin miedo a ser espiados, la intrusión de las empresas globales en la intimidad de los seres humanos está erosionando este derecho fundamental. Al autorizar “voluntariamente” esta ingente recopilación de nuestra información, perdemos de vista la magnitud del problema; uno de estos aspectos es que dichas empresas presentan también sesgos ideológicos.
Aunque Winston Smith, el protagonista de 1984, está viendo un discurso del líder del Partido, Goldstein, no deja de percatarse de que el discurso es una colección de frases vacías y clichés. Winston se da cuenta de que el discurso es una farsa, y esto le hace reír. Sin embargo, en la vida real, las laxas legislaciones al respecto, contribuyen a convertir la ficción orwelliana en una inquietante realidad y en este contexto hay muy poco de lo que podamos reírnos.
