Dina Ramírez Gutiérrez
Un día fui la primera persona en subir al autobús y percibí un intenso olor a Fabuloso morado, mientras me ponía cómoda, también tomó asiento un joven de quien emanaba un delicioso aroma a Eros de Versace, le siguieron un par de niños con uniformes escolares que despedían un fuerte olor a Ensueño bebe y detrás de ellos su abuela, quien no sé cómo explicar, olía a …abuelita.
Comencé a reflexionar acerca de lo agradable que es poder disfrutar de ciertos aromas. Recordé un documental que explicaba que en la edad media había graves problemas de salubridad por la falta de agua potable, los animales y el mal manejo de los desechos, algunos piensan que sólo ello daba lugar a los malos olores, sin embargo, hay estudios que explican que, aunque existían olores característicos como el humo de la leña, estiércol y olores corporales la higiene era una práctica común, claro que no con los estándares modernos. Habría que agregar que los pueblos y ciudades inevitablemente olían a sus industrias, por así decirlo a carnicerías, carpintería, panaderías, etc.
La industria de los aromas incluye tanto a la perfumería como a los aromatizantes, siempre dinámica y en crecimiento creando aromas alimentarios e industriales. En algún momento investigué sobre la elaboración de perfumes ya que vi una película sobre el tema y me llamó mucho la atención la cantidad de flores que se necesitan para extraer los aceites esenciales que usan para crearlos. Aunado a ello, la película mostraba parte del proceso de los maestros perfumistas y su complicada elaboración me llevó a pensar en cómo sería la vida sin él. Cuando abres un frasco de perfume lo primero que hueles es una sinfonía de aromas que parecen encajar a la perfección, algunos naturales y otros elaborados químicamente. Puede que te agrade o no, pero pocas veces dirás que huele feo. Lo mismo pasa con muchos de nuestros alimentos y cosméticos.
Un día imaginé quitar a todas las cosas su perfume, por ejemplo, el jabón para la ropa, y me pregunté ¿a qué olería la ropa si el jabón no tuviera tantos aromas?, peor aún, sin suavizante de telas. ¿Qué pasaría si las personas usamos, shampoo, desodorante o jabón de tocador que no oliera rico?
Durante la tarde concluí mi reflexión con lo siguiente: En el bus, por la mañana huele a zest, suavitel, agua de rosas y palmolive; por la tarde, al volver a casa, a tacos, sudor, torta de chorizo con huevo, y a las cebollas que acabo de comprar en la central.
