Pasar al contenido principal

"La red de los pescadores"

Un grupo de pescadores trabajando en equipo en la playa para extender y preparar su gran red de pesca antes de la jornada.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Domingo XVII del Tiempo Ordinario, 26 de julio de 2026. Verde. VI Jornada Mundial de los Abuelos y las Personas Mayores [Se omite la Memoria de Memoria de los Santos Joaquín y Ana, Padres de la Virgen María]. MR p. 429 [427] / Lecc. II p. 38. LH Semana I del Salterio. 1Re 3, 5 - 13; Rom 8, 28 - 30; Mt 13, 44 – 52.

En la primera lectura, tomada de Primera de Reyes, capítulo 3, versos del 5 al 13, recordamos a Salomón, quien compuso 3000 proverbios, 1005 canciones, disertó sobre cuadrúpedos, aves, botánica, letras y artes. Y es que Dios le concedió una sabiduría e inteligencia extraordinarias, una mente abierta especialmente para gobernar, gracias a su oración humilde en el santuario de Yahvé en Gabaón, plegaria en la que no se dejó llevar por su egoísmo, sino que pidió a Dios un buen criterio para juzgar, para saber discernir entre el bien y el mal, pidiendo acierto en el arte del gobernar. El espíritu de sabiduría, pedido por Salomón a Dios, ni siquiera puede compararse con todas las riquezas materiales. Tristemente, siguiendo la lectura de este libro, encontraremos que más adelante, una vez instalado en el poder y satisfecho de sí mismo, Salomón ya no era capaz de escuchar a nadie, ni a Dios, menos a su pueblo; ya no era capaz de corregirse a sí mismo, tampoco de gobernar con rectitud y justicia. Como tantos que mientras buscan el poder son "todo oídos", se hacen pasar por "cercanos al pueblo", prometen que ejercerán el poder con honestidad y justicia, pero cuando "se sientan en la silla" del poder se hacen sordos a la voz de Dios, ciegos a las necesidades del pueblo y su corazón se entrega a los placeres de este mundo.

En la segunda lectura, San Pablo nos dice que todos hemos sido llamados por Dios, para que reproduzcamos en nosotros mismos la imagen de Cristo. Hermanos, hemos hallado gracia ante Dios, por eso nos invitó a ser miembros vivos de su cuerpo santo, que es la Iglesia, para reproducir la imagen de su Hijo en nosotros mismos y en los demás que no lo conocen. El llamado no es para sentirnos satisfechos, sino más bien preocupados por los que no lo conocen, o por quienes, confundidos, se van tras falsos ídolos. Debemos sentirnos corresponsables y luchar juntos, a brazo partido, para que Cristo sea conocido, amado, obedecido y adorado en el Mundo entero. Si tú no lo das a conocer, nadie lo hará por ti. 

En el Evangelio Jesús nos habla de 3 parábolas sobre el Reino: Un tesoro escondido, un comerciante en perlas finas y la red de los pescadores. Empecemos reflexionando sobre la última, en esa red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Por gracia de Dios nací no tan lejos del mar y muchas veces presencié cuando los pescadores sacaban la red y ahí venían muchos peces buenos, pero también venían peces malos, como el pez piedra, el pez erizo, serpientes marinas, etc. 

También entre nosotros hay personas que son como el pez piedra, que a la vista parece atractivo, hermoso y de muchos colores, aparenta ser inofensivo, pero esconde espinas venenosas. Otros son como el pez erizo que aparenta humildad, sencillez, dulzura, pero cuando se esponja como globo, saca a relucir sus espinas venenosas. Mientras que aquellos parecidos a las serpientes marinas, son de colores atractivos, quizá de palabrerías dulces, de gestos amables, pero su veneno es letal para sus víctimas. Gracias a Dios que en su Reino hay muchos peces buenos, que serán escogidos para la gloria eterna. Todos estamos en la red del Reino de Dios y debemos coexistir hasta el fin del Mundo; sólo hasta entonces vendrá la selección de aquellos que de verdad y de corazón creían en Dios, y se verán liberados y protegidos de esos peces malos que aparentaban ser buenos, que parecían creer, confesaban a Cristo con sus labios, pero su corazón estaba lejos de Él; libres de los puritanos y fariseos, de aquellos que buscaban a Dios sólo por conveniencia y se aprovechaban de su Iglesia; libres, pues, de todos aquellos que no pertenecían a la única y auténtica comunidad de los verdaderos hijos de Dios; pues esos quedarán fuera de la red de salvación. 

"Tres palabras para recordar y meditar esta semana"Salomón: Hijo de David y de Betsabé (2Sam 12, 24), fue el II rey de la monarquía unificada de Israel y Judá (1Re 1-11; 1Crón 28 - 29 y 2Crón 1- 9). Su nombre se vincula con el nombre divino de Salem (Jerusalén) y significa "hombre de paz" (1Crón 22, 9). Salomón, además de pasar a la historia por su sabiduría (Lc 11, 31), también es memorable por su reputación de riqueza (Mt 6, 29).Tesoro escondido: Para que vislumbremos lo que es el Reino de los cielos, Jesús propone en esta parábola vender todo para comprar el campo donde se encontró un tesoro escondido. Nuestro corazón es ese campo donde está escondido el tesoro desde que fuimos creados, se trata de las "semillas del Verbo"; por eso, cuando descubramos el tesoro del Reino, venderemos todo lo que antes tenía valor para nosotros, pues sólo desearemos dedicarnos a dicho tesoro, y limpiar el campo de malezas, para que el tesoro no vaya a contaminarse o a ocultarse entre las cosas sin valor verdadero. La perla de gran valor: Nuevamente Jesús compara el Reino de los cielos con un objeto precioso: una perla de gran valor. El comerciante, conociendo el gran valor de este adorno precioso, va y vende todo cuanto tiene, para comprarlo. Así como la perla es preciosa y es un artículo de adorno, también a nosotros no nos basta con evitar hacer el mal, sino que debemos adornar nuestra fe con obras, es decir, haciendo el bien. Las obras de misericordia son adornos que recrean la vista de los demás, que atraen su atención, pero no hacia nuestra persona, pues no debemos hacerlo por presunción; sino que debe atraer la mirada y conducir hacia la maravilla del Reino de los cielos; así como las 12 puertas de la Jerusalén celestial, que en realidad son 12 perlas que, ciertamente adornan, pero también sirven de entrada al Reino de los Cielos (Ap 21, 21); así, nuestras buenas obras de esta vida, servirán de acceso a la Jerusalén celestial (Mt 25, 31-46). 

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.