Pasar al contenido principal

Mijail Zárate Avendaño: un hombre, un camino, una empresa

familia-mezcalera
Foto(s): Cortesía
Giovanna Martínez

Isela Sedano

No es fácil hablar de superación en una sociedad desencantada, que sufre la falta de una vida comunitaria profunda y plena; sin embargo, no hay un conflicto esencial entre la vida encantada y la vida práctica y productiva, como es el caso del personaje del que les hablaré hoy.

Se trata del ingeniero Mijail Zárate Avendaño, quien tiene sus orígenes en Santa María Ecatepec de la región de Yautepec; ahí vio nuestro protagonista la primera luz y estudió la educación primaria; pero la secundaria la tuvo que cursar en Yautepec, junto con su hermana, con quien desde muy temprano caminaban para alcanzar el transporte  que los llevaría a Yautepec.

A pesar de los obstáculos que esto les ocasionaba, siempre ayudaban a sus padres en las labores, pues su mamá, una mujer estricta pero muy bondadosa, que siempre apoyaba a los más necesitados, decía que nadie salía de esa casa sin haber recibido ayuda, por lo menos  de comer y un taco para el camino; todo esto lo aprendió muy bien Mijail Zárate y ha seguido su carrera de filantropía en cada acto de su vida.

Estudio y trabajo

Mijail niño y joven, siempre figuró en el cuadro de honor por sus buenas calificaciones, sin descuidar sus actividades de estudio y trabajo, con la frase muy suya  “quiero ser y voy a hacer”, y así lo hacía: trabajaba desde muy niño haciendo tortillas ganando cuatro pesos; y aunque se le quemaban sus pequeñas manos, él no desistía; posteriormente repartió leche en un pequeño bote de 10 kilogramos, que era el que aguantaba a su corta edad.

Era activo y feliz, y así cultivó ese conocimiento que es anterior al aprendizaje adulto y al desarrollo moderno de la cultura: el de la dinámica de la naturaleza y del poder oculto de las personas y de los lugares.

Y quería ser ingeniero y junto con algunos amigos viajaron a la capital, pues querían estudiar en el Politécnico Nacional; pero su sorpresa fue mayor cuando supieron que habían sido engañados y el examen ya había pasado, a lo que su mamá le dio otra lección diciéndole: “Mijail, tú nunca has sido un mantenido”; con nuestros recursos y los tuyos estudias aquí en el Instituto Tecnológico de Oaxaca; y así llegó al examen que también le avisaron tarde y al arribar, este ya había empezado, pero tuvo la osadía de entrar a la oficina del director y pedirle que le dejara presentar el examen; el director vio tanta decisión en aquel muchacho, que en una tarjeta le dio el pase.

Así llegó corriendo al examen que ya tenía media hora de haber iniciado; fue el cuarto en salir y el cuarto en la lista de admisión del Instituto.

Ahí inició su carrera, en el Tecnológico de Oaxaca, sin dejar de trabajar y estudiar como era su costumbre; entró como capturista de datos en el Inegi; como auxiliar contable en el CAPCE, para después entrar a Pemex en Salina Cruz, donde obtuvo buenos puestos por su capacidad y manejo de computadoras.

Proyecto productivo

Hasta que un día… pensó en crear un proyecto productivo, y como su familia eran ya mezcaleros, se dedicó a analizar su mezcal, hacerlo más suave y menos tóxico, sin contaminar, sin sabores tan ahumados, y día con día ir mejorando la calidad y ha logrado un mezcal más noble que no da resaca y orgullosamente oaxaqueño, con 18 años de trayectoria “Un mezcal fino hecho arte”, cuyo origen está en Santa María Ecatepec.

Es un mezcal certificado elaborado por los campesinos en el largo y cuidadoso proceso cien por ciento artesanal y orgánico; y así beneficia directamente a 92 familias y 184 en forma indirecta, cuya magia gastronómica y mezcalera se encuentra en Oaxaca.

Ha obtenido el Galardón Diamante como el mejor mezcal de México, en la parte Europea por la asociación Internacional de Prensa, Radio y Televisión, como una empresa de excelencia siendo la primera vez que se le entrega a una empresa orgullosamente oaxaqueña.

 

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.