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LECTURAS PARA LA VIDA: Cuentos del Doctor Lector

segunda
Foto(s): Cortesía
Redacción

Lidia Negrete Esqueda

Los sueños de Penélope

  • Última de cuatro partes

Esa tarde, al salir de clase, Beto caminó pensativo y dijo a su hermano:

-Vamos al bosque y si encontramos otro capullo igual, ¿nos lo llevamos a casa y vemos qué sucede?

-Está bien, vamos.

Al llegar al lugar donde habían estado un día antes, encontraron una mariposa hermosísima con alas de color amarillo aterciopelado y franjas oscuras.

-¿Dany, ves lo mismo que yo? Nunca había visto una mariposa tan bonita, sus alas parecen de seda.

-¿Qué tal amigos, ¿cómo están? Se escuchó una voz de entre las hojas; la mariposa movió sus alas y se puso a revolotear alrededor de los niños.

-¡Es la misma voz! -dijo Beto- ¡la que yo escuchaba, era ella!

-¿Quién eres?- preguntó Dany.

-Me llamo Penélope, tenía mucho tiempo dormida esperando ver la luz del sol en primavera, pero siempre destruían mi refugio e interrumpían mi sueño. No se imaginan el tiempo que me he llevado en construir mi casa para transformarme, hasta ahora gracias a la ayuda de la anciana, el hada guardiana del bosque, he podido por fin completar mi ciclo y ver la luz del sol. Pronto vendrán más hermanas mías, ¡es primavera!

-Me da vergüenza lo que hice- murmuró Beto-. ¿Nos perdonas Penélope?

-Está bien, con la condición de que vayan y digan a los niños que para conservar la belleza de esta tierra deben cuidarla, no tirar basura ni destruir las flores y árboles, ya que puede llegar un día en que todo desparezca; este lugar podría convertirse en un desierto donde no se pueda vivir.

-Eso no sucederá Penélope, de ahora en adelante también seremos guardianes de la naturaleza, invitaremos a todos los niños para que nos ayuden a cuidarla y podamos disfrutar de ella por mucho tiempo.

 Los hermanos se alejaron presurosos y contentos de haber aprendido otra lección, mientras la mariposa, feliz, revoloteaba entre las flores y se deslizaba en el agua para darse un chapuzón; feliz de reflejar en sus alas la luz del sol y en espera de sus compañeras que poco a poco arribaban al bosque, tiñendo el cielo de ámbar y danzando alegres al son de la sinfonía de primavera.

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