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Hurgan en los demonios de Pita Amor 

Pita-amor
Foto(s): Cortesía
Agencia Reforma

Yanireth Israde

CIUDAD DE MÉXICO.- A la escritora Sandra Frid la embelesaron de tal modo los versos de Pita Amor, que prosiguió leyéndola más allá de su obra, encandilándose también con la vida de la poeta.
 
 El resultado de ese arrobo es "Los demonios de mi cuerpo" (Planeta), novela dedicada a la autora de "Yo soy mi casa".
 
 Era un personaje de claroscuros, destaca Frid en entrevista sobre la poeta (1918-2000), amada u odiada por quienes la conocieron.
 
 "Tiene partes muy oscuras y partes muy luminosas. Cuando la gente supo que estaba escribiendo de ella, me decían -y lo siguen haciendo-: 'La conocí y era tremenda'. Caminaba en Reforma o en Insurgentes y repartía paragüazos. Hace poco se acercó una persona, y me dijo: 'Fue mi vecina y, si la rozabas, en la calle o en la puerta, te fulminaba con la mirada y te decía: 'No me mires'".

"Los demonios de mi cuerpo" es una novela anclada en la realidad, afirma Frid, quien recurre a la ficción sólo para continuar la historia allí donde los datos no son suficientes.

La obra humaniza, desde su niñez, a la mujer que se convirtió en leyenda por su talento en el soneto, la décima y la lira, pero también por su excentricidad.

"Era muy rebelde. Ella narra en 'Yo soy mi casa' que se tiraba al piso, que se sentía morir, que pataleaba y gritaba. Ubiquemos la época: ella nació en 1918. En los años 20, los niños no tenían ni voz ni voto; no tenían la importancia que les damos ahora. A una niña de 8 años que se tira al piso, sus padres la veían como berrinchuda, rebelde. Y además la corrían de las escuelas.
 
 "Pero lo que padecía eran ataques de pánico. Platiqué con una mujer que los tenía y ella me contaba que estaba convencida de que en ese momento moriría, que se le dificultaba respirar, y me describió lo mismo que Pita en su biografía, pero en aquel entonces no se diagnosticaba un padecimiento de estos".
 
 Era, resume Frid, una niña ávida de atención y, por añadidura, de vena histriónica.
 
 "Una niña incomprendida que buscaba el amor a como diera lugar en una familia que estaba hundida en la pena de haber perdido toda la fortuna con la Revolución. Tenía un padre encerrado en su biblioteca leyendo y escribiendo, y una madre que se dedicaba a mantener ante la sociedad una imagen de familia rica y poderosa que ya no era. Pita, la menor de siete hermanos, estaba ansiosa de recibir amor y nadie tenía tiempo para ella, más que su nana".
 
 Hasta sus últimos días, Amor, la que declamaba de memoria los poemas de Sor Juana y de San Juan de la Cruz, escribía versos que luego vendía en la calle, según le informaron a Frid tras haberse publicar su novela.
 
 "Y esos no están documentados", lamenta la también autora de 'Luz entre cenizas' y 'A través de su mirada', e insta a leer y revalorar a la poeta: "Era una mujer muy, muy interesante".

 

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