Rodrigo Velásquez Torres
La semana pasada se conmemoró un aniversario del nacimiento del artista plástico juchiteco Francisco Toledo. Por tal motivo se realizaron actividades, además de homenajes, en los diversos espacios culturales que el finado maestro dejó como legado y herencia para el disfrute de la ciudadanía, entre ellos la Casa de las Artes en San Agustín, Etla, conocido como CaSa y en ella ocurrió algo más que interesante.
En una entrevista que realizaron al maestro Sergio Hernández (Huajuapan de León, 1957), contemporáneo de Toledo y fundador junto con él y otros artistas, del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO) hace más de 25 años, acerca de la nueva dirección que dicho espacio cultural estaba tomando.
El artista expresó su opinión al respecto, remarcando que la obra que poseía el museo fue donada por los artistas, pero nunca adquirida por el museo, por lo que, al cierre de este, la obra pertenece a los artistas que la crearon, en caso de estar vivos, o en su caso a los herederos de los derechos de los mismos, contando con los documentos legales que amparan dicha situación, por lo que, en palabras del maestro, lo realizado por las instituciones es ilegal, además de un abuso de autoridad.
Fuertes declaraciones de alguien fundador de tan prestigioso museo.
El Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca fue, durante más de medio siglo, una ventana para ofrecer al público oaxaqueño experiencias de arte de nivel internacional; personalmente me tocó presenciar y cubrir para diversos medios, muchas exposiciones, performances, conciertos íntimos, presentaciones, etcétera.
Se trataba de un museo vivo, de puestas abiertas, recibiendo a centenares de visitantes que recorrían sus 14 salas distribuidas en sus dos patios. Si bien los recuerdos que se tiene del MACO son, en su mayoría, gratos para la sociedad, lo cierto es que detrás de tan bella fachada se encubría un cochinero originado por la envidia y la posesión de tan valioso material del museo.
En la entrevista, el maestro expresó, llamándolo por su nombre, al principal organizador de tan terrible atentado contra la cultura, además del modus operandi con el que se llevó a cabo el despojo de tan valioso acervo, el cual, a decir del maestro, constaba, hasta el abandono por parte de Toledo y él, de la organización del museo, de aproximadamente 537 piezas, de las cuales 450 se encuentran desaparecidas, con lo cual se ha privado a la ciudadanía oaxaqueña de su derecho a acceder a la cultura y las consecuencias de tales actos sólo se podrán medir en el futuro.
En fin, con la apertura del Museo de Arte Contemporáneo y de las Culturas Oaxaqueñas se da por concluido un ciclo, que, si bien dejó la bandera muy arriba, su cierre estuvo lleno de irregularidades junto con conflictos laborales y se inaugura otro con más incertidumbres que certezas. Ya veremos cómo se comporta en el tiempo.
"Con la apertura del Museo de Arte Contemporáneo y de las Culturas Oaxaqueñas se da por concluido un ciclo y se inaugura otro con más incertidumbres que certezas".
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