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El lector furtivo: Adiós a Babel

babel
Foto(s): Cortesía
Redacción

Rafael Alfonso  

Un lugar emblemático en Oaxaca cerró sus puertas Un espacio que era mucho más que cuatro paredes, un lugar donde cada martes, los seres de la noche podían ver correr la poesía como un río caudaloso y, mudando la timidez en arrojo, leer sus propias creaciones, echando como quien dice el palomazo con el manuscrito aún fresco de tinta en la mano, o pulsando la guitarra que el buen Juma no tenía empacho en prestar a los espontáneos. 

Tal era La Nueva Babel, el café cultural que ha bajado la cortina dejando en el desconcierto a su comunidad. En El Lector Furtivo de esta semana presentamos el testimonio de dos de sus más fieles parroquianas, más una lamentable despedida. 

Testimonio de Elia Pérez López

“Yo llego a la Nueva Babel, cuando conocí a Absytntia Ignea. Con ella leí mis escritos en La Jícara, mientras danzaba al compás de mis palabras. A ella le expresé mis inquietudes poéticas y fue quien me puso en contacto con Valente.

Así conocí al hombre que me brindó su confianza y me empezó a invitar a los Jam Mujeril de los 8 de marzo, a los Aniversarios de Babel y posteriormente me brindó la oportunidad de ir muchos martes a leer, con los respectivos carteles y eso me agradó.

Ahora que Babel ha cerrado sus puertas, siento que fue ahí dónde creyeron en mí, ahí fue donde me llamaron poeta, ahí fue donde, en una lectura, festejé mis 50 años de edad. Mientras leía, Valente irrumpió con un pastel y unas velitas prendidas, ese acto fue muy digno de recibirlo, un pastel con el que me demostraron su cariño y su respeto.

Por ello, hoy me quedo agradecida por los más de doce años en los que se forjaron amistades y se crearon proyectos en los que tuve y ejercí la libertad de expresión. Eso me representó la Nueva Babel y su cierre, una pausa al micrófono, mientras las letras sigan su gestación en metáforas. 

Gracias Valente, Juma, Dona y a todos y todas por coincidir en esta maravillosa vida poética”. 

Testimonio de Frydanel Díaz Carrillo 

“Ante la pérdida de Babel, ante la renuncia involuntaria, frente al abandono por imposición, recuerdo: que fui una niña con miedo a decir lo que escribía, Babel me quitó el miedo, me abrió un portal donde aprendí a ser otra. Un portal de posibilidades por el cual puedo ir y venir a mi antojo en cada historia. En sus muros me hizo: poeta la poesía, poesía el poeta, amante de un poema; cada martes más poeta y más amante, sin miedo a sentir lo que escribía. Se acabó, pero si lo pienso bien, nosotros los poetas sin más foro que esos muros amarillos no necesitamos más que los recuerdos. Gracias Babel”.

Lamentable despedida

¡Ay, mi querida Babel, guarida de bohemios y soñadores! Tus paredes, testigos de noches interminables y conversaciones profundas, desde ahora se yerguirán frías y silenciosas como un cementerio de versos fallidos y melodías desafinadas. Dime: ¿Cuántas desaforadas poetas encontraron refugio en tus rincones?¿Cuántos músicos tañeron sus guitarras al compás del molinillo? ¡Y tú, Valente, generoso dispensador de cafeína, cerveza y mezcal les reconfortaste con tu mágico elixir!

¡Recuerdo noches gloriosas en las que los poetas competían por ver quién escribía el verso más ripioso y los músicos improvisaban solos que agitaban las cucharillas!

¡Y las risas! ¡Ay, las risas! Resonaban en tus estancias como un coro de gárgolas ebrias.

Querida Babel, ahora cierras tus puertas con un estruendo que despertará a los vecinos cuando se haya puesto fin a la fiesta. ¡Qué ironía! A un lugar tan lleno de vida, ahora le espera el letargo. ¡Hasta siempre, querida Babel! ¡Que el vaporcillo de tu última taza nos acompañe por siempre!

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