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Cultivo de mariposas

soledad
Foto(s): Cortesía
Giovanna Martínez

Daniela Clarisa Concha León

Última de dos partes

Fue a mi padre que se le ocurrió el nombre; me comentó que a él también le gustaba por lo mismo que a mí, pero que “jugó” a mi má con el significado para que ella accediera; mi padre se las sacaba de la manga, era muy inteligente, siempre estaba leyendo, informándose; además de que era “tipo”, creo eso le ayudaba mucho para convencer a mi mamá… igual y ella no tenía opción, porque si le llevaba la contraria, no se la acababa.

La verdad, el buen Abad (así se llamaba mi viejo) era un chingón; era él quien me decía que debía estudiar, informarme, leer, sobre todo de las mariposas, su comportamiento, cómo atraerlas, las mejores temporadas y sus debilidades para que no me esforzara tanto; me recalcaba que debía ser el más fregón en todo.

Aquel día, mi padre dijo:

-Bájate hijo, ahorita vamos a ver las mariposas que cazaron tus primos esta semana; dicen que están poca ma…

-¡Apúrense, a platicar al parque!- nos gritó el abuelo.

Me bajé de la camioneta, caminamos un buen rato por el terreno enmontado, hasta llegar a una bodega que parecía abandonada; cuando entré, extrañado, vi a unas niñas, pensé que nos iban a pasar a las mariposas, pero no; estaban ahí pasmadas, intentando ocultarse, unas se abrazaban entre ellas mientras lloraban.

-Oye pá ¿y a qué hora las traen o qué?

Todos me voltearon a ver con cara de “qué onda con este pen…”

-Aquí están mi'jo, ¿está ciego o qué?

Así fue como respondí una gran duda que tenía con respecto al “arte de mi padre”; no olvido ese día; según escuché, “mi iniciación” fue de las mejores. Mariposas sin alas, a muchas fue el mismo Abad quien me enseñó a cortárselas.

Los demás se reían de ellas. En los libros que leía de pequeño, decía que las mariposas no lloraban; ese día me di cuenta de que sí lo hacían, me estremeció escucharlas gritar; pero después de un rato dejó de importarme, al fin de cuentas mi padre me prometió que yo lograría tener mi propio cultivo en el pueblo vecino, con un rancho aún más chingón que el de él o el de mi abuelo; no se equivocaban, ahora estoy seguro que mi hijo logrará ser de los más grandes, como todos en la familia.

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