Fausta Ibáñez Ríos
Si observamos con detenimiento la vida cotidiana, podemos darnos cuenta que estamos dominados por cuestiones que muchas veces nada tienen que ver con la razón, y que la razón misma se puede utilizar para justificar las motivaciones a veces inconscientes y otras con pleno uso de conciencia. Muchas de estas surgen de un empuje primitivo, es decir, aquellas que obedecen a saciarse de manera inmediata sin contemplación.
Empuje infantil
Estas motivaciones primitivas han llevado al ser humano al más alto grado de desarrollo, pero también de la misma manera lo han llevado a la destrucción, incluyendo la propia.
El descubrimiento freudiano supone que la especie humana es la única que encuentra un placer extraño en la autodestrucción. Por los últimos acontecimientos y propias cavilaciones me tomo el atrevimiento de escribirlo, pues he tenido oportunidad de constatarlo por cuenta propia; descubierto en mi análisis personal, con pacientes en la clínica y en la observación de la vida cotidiana.
Una anécdota y teorías infantiles
En mis años mozos creía que el ser humano no evolucionaba; lo que veía era una involución, pues solo conocía muy poco de historia, de filosofía y sobre todo desconocía la teoría psicoanalítica, disciplina a la que hoy me dedico. A mi alrededor observaba la forma de relacionarse del ser humano dentro de mi familia, con vecinos, en la escuela, de alguna manera las diferentes formas de expresión de los afectos, que iban desde quienes se agredían con palabras altisonantes y agresivas, hasta los que llegaban a los golpes.
En una ocasión, siendo muy pequeña, fui con mi madre a la Central de Abasto, nos tocó presenciar una trifulca en la que dos personas se acuchillaron en la calle de Mier y Terán a plena luz del día. Este evento dejó una huella que me hizo reflexionar sobre la naturaleza humana.
Con el paso del tiempo, la madurez que me han dado los años y la experiencia clínica, sé que el ser humano continúa en constante evolución; prueba de ello son los avances que se han alcanzado en la ciencia y tecnología, por ejemplo, hoy gozamos del arte de otra manera, las nuevas generaciones no están sujetas a valores morales que los atormenten o lleven al sufrimiento, sin embargo, sigue la humanidad padeciendo calamidades, tanto físicas como psíquicas.
Reflexión
La humanidad sigue apremiada por ese empuje primitivo, nosotros lo llamamos infantil, pues es en esa etapa de la vida donde el ser humano se entrega al empuje de su satisfacción inmediata sin contemplar el riesgo que ello implique. Hoy vivimos las consecuencias del descuido de esta parte de la vida, eso para nada implica que no haya solución, una de ellas sería un proceso psicoanalítico.
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