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CONSULTORIO DEL ALMA: CUENTA CONMIGO; Psicoanálisis, política y ciudadanía

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Foto(s): Cortesía
Redacción

Alejandro José Ortiz Sampablo

 La vergüenza, una fuerza

El jueves primero de agosto salí apresurado del consultorio rumbo a una institución pública a entregar una documentación, pero antes debía pasar a la Proveedora Escolar por unos sobres y a un centro de impresiones.

Al estar por pagar los sobres, sentí que el piso se agitó.

—¿Tembló?— preguntó un dependiente del mostrador.

—¡Salgamos!— le respondió una joven. 

Pronto, trabajadores de la papelería y clientes nos vimos en la acera. Mientras esperaba algo inquieto, pues los minutos transcurrían, evoqué dos recuerdos.

Dos recuerdos

Cuando estudié la Secundaria, escogí el taller de “Máquinas herramientas". Desde la primera clase, el profesor nos mencionó que habría una comisión de seguridad e higiene, conformada por algunos miembros del grupo. Me percaté de que nadie quería pertenecer a ella, pues sus miembros prontamente se vuelven vigilantes, además de ser los responsables de que los compañeros respeten las reglas y del buen comportamiento dentro de un espacio que, de no llevarse a cabo, se puede tornar en una zona de riesgo físico.

Hay que agregar que, para un joven de esa edad, echar relajo es lo habitual, pero en un taller donde se trabaja con máquinas como tornos, cepillos, fresadoras, esmeriles, entre otras, un empujón o distracción puede resultar en tragedia.

En ese recuerdo me encontraba cuando vino a mi memoria la noche del jueves 7 de septiembre del 2017. Me encontraba en la casa de mi colega Alberto. Habíamos trabajado hasta tarde, así que me ofreció posada, era temporada de lluvias y el río Salado amenazaba con desbordarse, cuando la tierra se movió con fuerza. Por momentos parecía que aquel movimiento no se detendría. 

El espíritu de la Brigada

Alberto y yo nos dirigimos a la calle; a simple vista, el temblor no había causado mayor daño, pero en mis adentros, algo me decía que, seguramente, en algún lado sí había ocasionado daños; pero estaba tan preocupado por asuntos personales y del Instituto, que retorné a ellos, sin imaginar que en varias comunidades sus pobladores lo habían perdido todo.

Para ese momento, dentro del INEIP, teníamos la consigna de “Psicoanálisis para todos”, la cual sigue vigente, pero en aquel instante privilegié mis asuntos, cosa que duró hasta el sábado por la tarde después de concluir de impartir el “Seminario de formación de psicoanalistas”. 

Al ver por las publicaciones en Facebook la dimensión de la tragedia, decidí pausar el seminario para emprender acciones concretas y conformar la Brigada de la Clínica de Estabilización en Situación de Crisis (BRICESC).

El trabajo que realizamos en el Istmo de Tehuantepec se prolongó más de año y medio, y no en pocas ocasiones me pregunto cómo fue que lo sostuvimos física y económicamente. Para mí una de las respuestas se encuentra en ese pequeño instante donde solo existí yo, donde sí me preocupé, pero regresé a mis asuntos, cuando paradójicamente me encontraba pensando en el siguiente paso para continuar con nuestra acción social.

Así que como podrán observar, queridos lectores, en muchos casos el altruismo nace de un sentimiento que hoy los discursos buscan borrar: la vergüenza. Así que tuve claro que el terremoto a muchos nos había agitado también el alma. Esto forma parte del espíritu de la Brigada "¿Quién dice Psi?" que espero, dentro de poco tiempo, retome sus acciones.

¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 132 8534 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!

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