Alejandro José Ortiz Sampablo
La Psicología, ¿futuro alentador?
Segunda de tres partes
Cuando somos jóvenes, por regla general nos comportamos ingenuos al momento de elegir la carrera a la cual se supone nos dedicaremos toda la vida. Por otro lado, están aquellos para quienes tal elección significa ansiedad permanente, por la incertidumbre de no saber si su elección será la mejor. Aun ellos no quedan exentos de tal ingenuidad.
¿A qué me refiero cuando digo ingenuidad?
Esta se encuentra cimentada en cierto desconocimiento de la vida, si se pudiera decir de esta manera. Acá es donde coloco el segundo sentido de la crítica mencionada en la nota anterior. Para quienes leen el presente diario, les resultará lo siguiente como un asunto de sentido común, pero para la época, leer lo que sucede en el mundo a través de este medio, es cosa del pasado, pues hoy existen maneras más sencillas y que no requieren esfuerzo para lograr lo mismo, aunque nosotros argumentemos que en esos otros medios los jóvenes solo se anotician de banalidades.
Ya desde aquí, la lógica de la vida es radicalmente distinta entre quienes crecimos en el siglo pasado y los que lo hacen en el presente.
Hay un problema que fue creciendo en silencio en esa disparidad generacional. Los padres de los jóvenes de hoy, por lo general no les transmitimos las enseñanzas necesarias para afrontar la vida a nuestros hijos.
En algún momento del tiempo adoptamos el discurso del confort, las teorías del trauma, de la autoestima y muchos otros ideales que surgieron de manera viciada desde la Psicología, o mejor dicho, de psicólogos mal formados, que introdujeron teorías a esta rama por heridas narcisistas que les provocó el mundo exterior, principalmente sus padres, y no desde una observación científica. Me disculpo, si hiero susceptibilidades, pues ha llegado el momento de combatir esos vicios de frente y sin ambages.
Una dificultad más para el psicólogo
Una idea general que se tiene al respecto de la aprehensión de la enseñanza clínica psicológica, es que ésta, en el caso del psicoanalista en formación, se logrará con el estudio teórico y la práctica, entre otros dispositivos de enseñanza que poseemos en la técnica psicoanalítica; sin embargo, hoy están presentes nuevos paradigmas a tomar en cuenta.
Existen elementos a nivel cognitivo que hay que introducir y atender en la enseñanza que, para quienes recibimos la forma de educación del siglo pasado, nos resultan lógicas. ¡Ojo, esto no significa que fueran mejores!, eso lo podemos elucidar en otra serie de notas.
Los pedagogos también saben de lo que hablaré. Me refiero a los procesos cognitivos que logran su máximo desarrollo cuando realizamos actividades propias del hogar, las cuales muchos jóvenes no tienen la menor idea de su importancia, no solo para la vida.
En el caso de quienes optaron por la Psicología como actividad profesional, no haber desarrollado tales procesos cognitivos, les implicará una limitación al momento de atender pacientes. La fortuna para ellos es que existe un método de enseñanza que les puede auxiliar en dicha situación, porque finalmente, hay que crear soluciones, de eso también trata la vida.
Sin embargo, para ello, nos encontramos una dificultad más, la omnipotencia y narcisismo del psicólogo, que es reforzada por los discursos de las acreditaciones, lo que en mi juventud se conocían como falsos blasones.
Continuará el sábado…
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