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CONSULTORIO DEL ALMA: CUENTA CONMIGO; Psicoanálisis, política y ciudadanía

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Foto(s): Cortesía
Redacción

Rafael Alfonso

 

El tequio y la niñez

 

Tras una larguísima espera, por fin han llegado las lluvias a nuestro estado; pero junto con ellas, como si hubiera estado siempre al acecho, un implacable enemigo también se ha hecho presente. Los casos de dengue aumentaron súbitamente, quizá porque, desconcertados por la sequía, ni las autoridades ni la ciudadanía tomaron previsiones para el súbito crecimiento de la población del mosquito zancudo Aedes aegypti, transmisor de las cuatro variantes de la enfermedad.

Entonces, calamitosamente, los servicios de salud se han visto saturados por enfermos aquejados por diversos malestares cuya cura queda más bien a la buena de Dios, pues no existe al día de hoy un tratamiento que haya probado científicamente su eficacia, más que el humilde paracetamol que sólo se destina para paliar los molestos síntomas, pero no elimina el virus. Es decir, una vez infectado, es poco lo que el paciente puede hacer, aparte de esperar.

Manos a la obra

Como habitantes de una unidad habitacional, mis vecinos y yo vivimos rodeados de factores de riesgo que tienen que ver con lotes baldíos, basureros clandestinos, patios llenos de cacharros y baches que se convierten en verdaderos estanques; todo ello provee al mosquito un hábitat más que apto para su reproducción.

En este contexto, se convocó a la realización de un tequio para tratar de mitigar estos focos rojos. Para quien no esté al tanto de qué es el tequio, se trata de una práctica comunitaria muy arraigada entre los oaxaqueños de todas las regiones del estado. Son jornadas de trabajo colectivo del cual nos beneficiamos todos. De forma tal que, desde temprana hora, hombres y mujeres de nuestra unidad salimos a la calle armados de palas, escobas y cubetas a limpiar, a deshacernos de cacharros y drenar encharcamientos. 

Los grandes ausentes

A pesar de la grata experiencia y el ambiente de camaradería que se dio, no me dejó de llamar la atención un hecho. En este tequio, no participó un solo niño, y los adolescentes se contaban con los dedos de las manos. Es cierto que la convocatoria no especificaba si los muy jóvenes tendrían que asistir. De esta forma, quedó a criterio de cada vecino si se hacía acompañar por los pequeños, y los no tanto, de la casa; aunque había quehacer de sobra para todos.

La experiencia clínica me permite aventurar que algunos padres prefirieron no perturbar el sueño o el esparcimiento de sus hijos, y que otros prefirieron no verse perturbados por ellos, pues su presencia les obligaría a prestarles atención y acaso a mostrarles cómo se debe realizar alguna de las tareas que llevamos a cabo. 

Lamenté no tener en casa a quién llevar para poner el ejemplo, pero diré con franqueza que conozco ese sentir pues, en su momento, yo también privilegié la comodidad de mi pequeña y me negaba a someterla al trabajo físico y a la molestia de estar bajo los candentes rayos del sol –como si un domingo de balneario fuera muy distinto-.

Ojalá no hubiera privado a mi hija de la experiencia del tequio, pues disponerse al trabajo colectivo representa una ventaja y un beneficio invaluable para la vida de todos los jóvenes.

¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/ 951 132 85 34 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.! Síguenos en Facebook: Instituto de Estudios e Investigación Psicoanalítica A.C.-INEIP

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