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Domingo, día del Señor

Imagen conceptual que representa la santidad del domingo, conocido como el día del Señor, un pilar fundamental en la fe cristiana.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por P. Gregorio Gil Cruz Glz.

“...yo lo vi y doy testimonio de que es el Hijo de Dios”.

Evangelio: Jn. 1, 29-34

 

En aquel tiempo, vio Juan el Bautista a Jesús, que venía hacia él, y exclamó: “Este es el Cordero de Dios, el que quita del mundo. Este es aquél de quien yo he dicho: ´El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo´. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua, para que él sea dado a conocer a Israel”.

Entonces Juan dio este testimonio: “Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y posarse sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ´Aquél sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo´. Pues bien, yo lo vi y doy testimonio de que es el Hijo de Dios”. Palabra del Señor.

El evangelio de este domingo presenta a Juan como testigo excepcional de Jesús. Él mismo se presenta como testigo cualificado realizando en su persona el anuncio de Isaías: Yo soy la voz del que clama en el desierto; es sólo el precursor, no el Mesías. Presenta a Jesús, como el Cordero de Dios, como el auténtico poseedor del Espíritu, y como el Hijo de Dios cuando dice: “Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y posarse sobre él... yo lo vi y doy testimonio de que es el Hijo de Dios”.

Es así como Juan reconoce y presenta a Jesús como el Cordero de Dios, el nuevo cordero pascual que es inmolado para la salvación de toda la humanidad.

Juan el Bautista, testigo ocular nos da su testimonio y nos dice que vio que “Jesús venía hacia él”. Dios siempre toma la iniciativa y viene a nuestro encuentro. Y la experiencia del encuentro con Dios tenemos que compartirla, así lo hace el Bautista al dar testimonio de El: “Este es el Cordero de Dios, el que quita del mundo”. 

Qué experiencias hemos tenido del amor de Dios, cómo hemos sentido su presencia amorosa. ¿En la celebración de un sacramento, en la solución de un problema, en la enfermedad, en un retiro espiritual? En el catecismo aprendimos que Dios está en todas partes y efectivamente Dios está en el cielo, en la tierra y en todo lugar; pero no siempre podemos experimentarlo, pueden haber en nosotros barreras que nos impidan sentirlo: el orgullo, la autosuficiencia, el egoísmo, el resentimiento. ¿Cómo ha sido nuestra experiencia de Dios? Algo que nos pudiera ayudar a comprender mejor cómo ha sido nuestra experiencia de Dios es meditar en cómo ha sido nuestra cercanía con nuestros prójimos porque entre más cerca estamos del hermano, más cerca estamos de Dios y entre más lejos estamos de los hermanos, más lejos estamos de Dios.

Es muy importante revisar la vida y sanar lo que puede estar impidiendo encontrarnos con Dios. Un corazón avaricioso nos aparta de Dios. La ira nos aparta del amor de Dios, la pereza nos aleja de Dios. Trabajemos las áreas de nuestras vidas que no nos han permitido sentir a un Dios vivo, alegre, que nos llena de gozo y paz. Busquémoslo y llenémonos de su amor especialmente en la Eucaristía, en la Palabra de Dios y en la oración diaria. Para que así como Juan el Bautista también nosotros podamos dar testimonio del amor de Dios y podamos decir: “yo lo vi y doy testimonio de que es el Hijo de Dios”. Dios los bendiga hermanos. Feliz domingo. 

@PGil_Cruz

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