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Consultorio del alma. Cuenta conmigo / Psicoanálisis, Política y Ciudadanía / El infantilismo; la moral de hoy

Se supone que la función de la educación es llevar al ser humano a que se inscriba en la civilización.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Alejandro José Ortiz Sampablo

Última de tres partes

En la primera nota de esta serie mencioné una disposición psíquica que en algunos seres humanos prevalece de manera llamativa toda su vida, la cual conocemos en el argot psicoanalítico como infantil. Mencioné que ésta se caracteriza por la omnipotencia del pensamiento, que se acompaña de la tendencia a obtener el placer sin mayor preocupación por lo que acontezca a su alrededor y en un futuro inmediato.

Lo infantil que nos acompaña

Esta disposición psíquica en muchas ocasiones se hace presente en la educación de los hijos, pero en estos últimos eso es de esperarse, pues se supone que la función de la educación es llevar al ser humano a que se inscriba en la civilización, y esto sólo es posible si logra dominar los primitivos impulsos pulsionales, aquellos que caracterizan a lo infantil. Sin embargo, que los padres eduquen y transmitan valores desde ella, es cosa que no se observa, pues dicha disposición infantil queda oculta, ya que en muchas ocasiones está plenamente justificada. Esto último intentaré elucidarlo.

En esa misma nota aludí que en muchos adultos mayores se manifiesta fuertemente la disposición psíquica infantil, principalmente en dos peculiaridades de su carácter: omnipotencia de pensamiento y tozudez. ¿Pero a qué es a lo que me refiero? Pensaría que lo dicho no es necesario explicarlo, pues aquellos que hemos convivido con nuestros abuelos o propios padres ya adultos mayores, somos conocedores de cómo se manifiestan estos dos rasgos en su carácter. ¿Ahora bien, acaso tales características resurgen en dicho momento de la vida, o es acaso que siempre estuvieron ahí?

 

 

Una combinación común

Una expresión que con más o menos palabras llegamos a escuchar en lo popular es aquella que dice, “de viejo se volvió necio”. Es evidente que cuando se llega a determinada edad, las fuerzas merman, hay pérdida de coordinación, el cuerpo se vuelve lento. Por otro lado, el Yo no se resigna fácilmente a ello, pues resiente la pérdida de su hegemonía. Ver pasar a alguien por esta etapa puede dar la impresión de que lo que dice la frase mencionada es cierto. Sin embargo, varios años antes, cuando esa misma entidad psíquica era encargada de la crianza, podía ejecutar su hegemonía en la educación de los hijos sin mayor cuestionamiento, pues hemos de decir que mostrar a los hijos tal disposición psíquica, es indispensable en el ejercicio de la educación. Sin embargo, en el ejercicio de este poder la entidad psíquica llamada Yo, deja caer sus intereses, llamémoslos infantiles.

Mencionemos a un ejemplo común, ¿Por qué madres y padres no se hacen acompañar en las actividades del hogar por los hijos cuando son pequeños? Cuando menciono acompañar, me refiero a que, en los momentos de los quehaceres de la casa, las y los hijos pueden tomar una escoba o un trapo para participar en la limpieza. Lo que muchas madres o padres saben sobre la interrogante planteada, es que, si incluyen al hijo pequeño en la enseñanza en tales momentos, resulta en demora y distracciones, y ellos, los padres necesitan terminar lo más pronto posible. Esto está plenamente justificado por el ritmo de la vida actual, pero en la intimidad de la escucha psicoanalítica el paciente habla de las motivaciones ocultas para no dedicar ese tiempo a los hijos.

Continuará el próximo lunes…

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