Alejandro José Ortiz Sampablo
En las últimas décadas hemos vivido un deterioro paulatino del tejido social, del cual podríamos exponer sus expresiones más ostentosas, pero basta con echar una mirada a un noticiero o acaso con analizar aquello que circula en las plataformas digitales para percatarnos de ello.
Primera definición
Para el sociólogo polaco Piotr Sztompka (nacido el 2 de marzo de 1944), el tejido social es una metáfora para referirnos al entramado de relaciones que configura lo que llamamos realidad social. También podemos entenderlo como el proceso histórico que ordena los vínculos sociales e institucionales que favorecen la cohesión y la reproducción de la convivencia entre los seres humanos. Hemos de suponer que, como todo proceso histórico, el tejido social se configura por la intervención de aquellos que lo conforman, las personas, las colectividades y las instituciones. Sin embargo, colectividades e instituciones están sobredeterminadas por las particularidades de las personas, por lo que, finalmente, podemos deducir que la disposición psíquica de cada individuo en una sociedad incide en la configuración de esta.
Segunda definición
Podemos decir que cuando hablamos de deterioro del tejido social, nos referimos a que aquellas condiciones que favorecían la cohesión y la reproducción de la convivencia entre los miembros de una comunidad se han visto disminuidas, ya no existen o han sido sustituidas por otras que quiebran las relaciones cordiales.
Advertimos que muchas de éstas condiciones que favorecen el deterioro del tejido social —conocidas en lo general como las causas—, desde la perspectiva psicoanalítica, son tan sólo expresiones de la disposición psíquica de las personas (en lo particular) que alcanzan a lo social —por mencionar algunas: violencia (en cualquiera de sus clasificaciones), corrupción, terrorismo psicológico, pérdida de la empatía, delincuencia en todas sus expresiones y toxicomanías, entre otras—, y son ejecutadas de manera directa por miembros de la sociedad, que nacieron y crecieron en ella.
Entonces, ¿qué debió́ acontecer para que una persona ejecute cualquiera de las acciones mencionadas? A éstas acciones les antecede una serie de procesos psíquicos (pensamientos conscientes o inconscientes) los cuales están determinados por eso que llamamos estructura psíquica, la cual determina, a su vez, la disposición hacia el mundo exterior, y hacia sí misma, que cada persona adopta.
El cómo se constituye dicha estructura y disposición psíquica es conocimiento exclusivo del campo psicoanalítico, por lo que consideramos imprescindible la intervención en lo social. Dicho de otra manera, que los psicoanalistas abandonemos el confort de la atención del uno por uno en el consultorio, —paradigma del campo freudiano—, y salgamos a recoger y a brindar soluciones a los malestares contemporáneos que deterioran el tejido social. Los psicoanalistas del INEIP A.C., hemos adoptado este compromiso, por lo que creamos el grupo de Estudio Psicoanálisis, Política y Ciudadanía, donde forjamos los nuevos paradigmas con los que haremos frente al deterioro del tejido social.
Continuará el próximo lunes…
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