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Consultorio del alma. Cuenta conmigo / La infancia en el psicoanálisis

Foto(s): Cortesía
Redacción

Rafael Alfonso

 

Unos queridos amigos, al enterarse de mi nueva faceta como psicoanalista, me externaron un par de dudas bastante razonables. La primera de ellas tenía que ver con la importancia que se le adjudica a la vida psíquica infantil en el trabajo psicoanalítico, planteándola de la siguiente manera: ¿No es demasiado acudir a la vida infantil para explicar el comportamiento o conflictos de la vida adulta? ¿Es que acaso no somos, al paso de los años, personas completamente distintas a las que éramos cuando niños?

Tuve que admitir que, en efecto, una de las tareas más importantes dentro del psicoanálisis era indagar en la vida psíquica infantil para tomar conocimiento de aquello que aflige a nuestro paciente adulto, pero hay muy buenas razones para proceder de esta manera. 

Una analogía

Es natural preguntarse por qué el psicoanálisis insiste tanto en la infancia. La razón principal, aunque no es nuestra intención al expresarlo de esta forma, podrá parecer simple: la infancia no es solo un recuerdo lejano, es la raíz de quienes somos.

Imaginemos a un árbol: sus frutos y la forma de sus ramas dependen en gran medida de cómo se estableció su sistema de raíces cuando era joven. De la misma manera, nuestras experiencias tempranas, nuestras primeras interacciones y las formas en que aprendimos a lidiar con el mundo, moldean profundamente nuestra personalidad adulta.

Los cimientos se construyen temprano

La infancia es el período donde se establecen los cimientos de nuestra estructura psíquica. Es cuando comenzamos a formar nuestra percepción del mundo y a entender cómo se relacionan los demás con nosotros y nosotros con ellos. Las experiencias de esta etapa, tanto las buenas como las difíciles, determinan cómo nos sentimos, pensamos y actuamos de adultos.

Muchas de las experiencias de la infancia, especialmente aquellas que fueron emocionalmente intensas o difíciles de procesar, no se "olvidan" realmente. Siguen operando, influenciando nuestras decisiones, patrones de comportamiento y conflictos actuales.

A menudo, los problemas que enfrentamos de adultos son ecos de conflictos no resueltos de nuestra infancia. Muchas veces, nos encontrarnos repitiendo los mismos patrones de relación, las mismas reacciones emocionales ante ciertas circunstancias, sin entender por qué. Indagar en la infancia nos permite desenterrar el origen de estos malestares 

Amor y placer

Nuestras primeras experiencias de amor, frustración, miedo o seguridad —hagamos memoria si no— las vivimos en la tierna infancia. Estas experiencias configuran nuestras formas de relación con las personas y determinan cómo nos vinculamos con los demás a lo largo de nuestra vida. Tampoco hay que olvidar que es en la infancia donde se establece cuáles son las formas en que obtenemos placer y la importancia que éste tendrá en nuestra vida futura.

Así que, respondiendo a las interrogantes que me plantearan, puedo responder: no somos personas completamente distintas a cuando éramos niños. Volviendo a la analogía botánica puedo decir que, aunque el árbol crezca y cambie, la calidad de esa raíz sigue siendo fundamental para su salud y desarrollo. Es por eso que uno de los dispositivos clínico-sociales implementado por el Instituto de estudios e Investigación Psicoanalítica INEIP A.C., “Infancia es destino”, plantea a padres, madres y docentes el cuidado de la vida psíquica desde los primeros años.

¿Quieres saber más? Pide informes al teléfono 951 526 3727 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.! Síguenos en Facebook: Instituto de Estudios e Investigación Psicoanalítica A.C.-INEIP 

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