Por Rafael Alfonso
¿Cuántos brazos tiene un ser humano? ¿Cuántas horas tiene el día? ¿Cuántos cerebros poseemos realmente? A veces resulta dolorosamente difícil aceptar una verdad fundamental: el ser humano no puede hacerlo todo. A esa resistencia, a ese fenómeno de creer que los límites no aplican a nosotros, solemos llamarle omnipotencia del pensamiento. Sin embargo, quien vive bajo la ilusión de poder abarcarlo todo, tarde o temprano tendrá que pagar las consecuencias psíquicas de dicho autoengaño.
En la antigüedad existía un concepto para aquellos que parecían desafiar esta norma: el polímata. Este término designaba a la persona que poseía conocimientos profundos en diversas disciplinas. Tenemos, por ejemplo, a Leonardo da Vinci, el polímata por excelencia: pintor, escultor, matemático, proto-hombre de ciencia, arquitecto y más.
En tiempos más recientes podemos invocar la figura de Sor Juana Inés de la Cruz, quien, además de ser religiosa, era una escritora fenomenal en diversos géneros (poesía, dramaturgia y ensayo) y, según sabemos de buena fuente, cocinera, música y políglota.
Ya en el siglo XX, en Francia, encontramos a Boris Vian: actor, cantante, músico y escritor de primer orden, además de ingeniero inventor de artefactos.
¿Cómo es que estos seres humanos pudieron desarrollar tal cantidad de actividades en distintos terrenos y ejecutarlas de manera sobresaliente?
La respuesta quizá no esté en el talento bruto, sino en la disposición psíquica. Hablamos de personas que no sólo se entregan al deseo de realizar una actividad buscando sólo la recompensa del "placer de órgano"-, sino que les acompañan la persistencia, la tenacidad y objetividad. Esta relación objetiva con sus metas es lo que, debemos suponer, les permite planificar y organizar su quehacer con rigor.
Por el contrario, la desgracia acecha a aquel que tiene el anhelo de ser polímata, pero carece de la disposición psíquica para hacerlo. Ese individuo se encontrará con la continua frustración de no poder llevar a cabo aquello que su Yo le dice que puede lograr, y, peor aún, cuando logre realizar aquellas obras, muy probablemente se encuentre con que la calidad de su ejecución quedó lejos de la excelencia.
La sabiduría popular ya nos advertía con un conocido refrán: "El que mucho abarca, poco aprieta", Pero como el Yo es bastante mañoso y este deseo de polimatía suele ser más un anhelo narcisista del ego, el desengaño resultante puede ser devastador.
Ahora bien, seguramente dirán: "Señor psicoanalista, ¿entonces no es posible realizar con solvencia dos o tres artes". La respuesta corta es: “Sí, por supuesto. La historia así lo demuestra”, además, todos conocemos personas que parecen ser buenas para todo: alcanzan el éxito profesional a la vez que cultivan un arte y un oficio —y por si fuera poco, hacen el aseo de su casa y cocinan exquisito—; pero si revisamos la disposición psíquica de estos individuos, veremos con frecuencia que esta fue adquirida desde temprana edad.
La capacidad de hacer bien varias cosas puede cultivarse, pero eso requiere, en principio, conocernos a nosotros mismos, reconocer cuáles son los límites y barreras personales que nos hemos impuesto para el desarrollo de nuestra psique, y cuánto debemos trabajar en fortalecer nuestra voluntad y disciplina quizá sólo para aspirar a un pequeño cambio.
Quienes sólo tenemos una vida y un mínimo de talento en una cuestión específica, vemos con incredulidad cómo otros lo logran. Quizá la clave no sea tener más brazos, sino saber qué abrazar con los dos que tenemos.
¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 274 8812/951 285 3921 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.! Escúchanos este viernes en punto de las doce del día por: https://www.facebook.com/RadioUnivas
