Jesús Antonio Martínez Carrasco
A ciegas
Recuerdo cuando di mis primeros pasos en la política, los di sin conocer los rumbos que tomarían dichos pasos, ni qué me depararía este camino. Cuando hago referencia a mis primeras huellas en política, me refiero al activismo político y social, no al electoral o como servidor público. A inicios del siglo XXI mi formación teórica y práctica consistía en bregar por ser un líder, un referente para las masas y ¿cómo se lograría esto?, según los cánones de mi formación; lo que definía eso era la práctica del sujeto, siguiendo los lineamientos dictados por la ideología. En ese contexto, una de las características que en muchas ocasiones se remarcaba, era que la acción política no tenía nada que ver con los estados afectivos del sujeto, que no guardaba ni debería guardar relación alguna con la parte psíquica.
Sin embargo, esto cambiaría cuando comencé a sumergirme en el psicoanálisis. Ahí descubrí que los estados afectivos intervienen en nuestros actos y no sólo en la vida cotidiana, también en el quehacer político se hace muy presente; incluso no sólo intervienen, sino que van más allá y determinan el actuar del político. De bote pronto, pareciera que estas dos ciencias, la política y el psicoanálisis, están separadas la una de la otra, cada una en su propia trinchera haciendo lo propio, pero nada más lejos de la realidad.
El entramado de la doble P
Hay algunos rasgos que deben tomarse en cuenta cuando se habla o se está en la política: poder, deseos, influencia en las masas, el carisma del líder, leyes o reglamentos en la sociedad, autoridad, traición, guerra e intriga; por mencionar algunas. Todo lo antes mencionado, el psicoanálisis lo aborda y lo analiza hasta su más mínimo componente. El psicoanálisis se enfoca en el historial personal y en los conflictos internos del individuo, pero sin apartarse del mundo exterior del sujeto. Tampoco deja de lado la psicología social como llamaría Sigmund Freud, a la pertenencia del individuo a una colectividad, a una tribu o una clase social.
En Psicología de las masas y el análisis del Yo de 1921, Sigmund Freud explica cuáles son las alteraciones del psiquismo del sujeto al pasar a pertenecer a una masa y porqué se comporta de una manera distinta cuando éste se encuentra aislado y cuando está en multitudes. En este mismo texto dilucida el papel que juega el líder para que las masas se unan a un ideal, objetivo o aquello con lo que se puedan identificar. Así mismo nos ofrece también su análisis de la guerra en la correspondencia que se dio con Albert Einstein, donde el físico pregunta a Freud: “¿Existe algún medio que permita al hombre librarse de la amenaza de la guerra?”.
Las menciones anteriores nos permiten advertir que el psicoanálisis, desde su origen, ha expuesto los entramados de las fuerzas internas de los sujetos que afloran en actos hacia el mundo exterior manifestándose en todos los campos de la humanidad, sin ser la política una excepción.
Continuará el próximo lunes…
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