Dina Ramírez Gutiérrez
Doña Faby estaba descansando ese domingo por la mañana. De pronto escuchó que se detuvo un auto enfrente, eran viejos amigos de su esposo, que pasaban por ahí y decidieron visitarlo. Despertó a Don Juan que aún dormía, para que juntos recibieran a las visitas inesperadas. Con amabilidad los invitó a pasar a su comedor.
Como en otras ocasiones, Don Juan tomó asiento plácidamente y se puso a charlar con los amigos. Mi amor, prepara una bebida y algo de comer —le dijo a su esposa, en tono dulce—. Ella, apresuradamente, puso en la licuadora un trozo de sandía que por fortuna tenía en el refrigerador para hacer un agua fresca. Cuando estuvo lista la sirvió, y de inmediato recibió la segunda indicación —amor, trae el requesón—, ella buscó entre su despensa unas tostadas y lo ofreció en deliciosos bocadillos. Así pasaron unos minutos, mientras Doña Faby concluía pendientes de la cocina del día anterior, y preparaba el queso que se producía en su finca sobre trocitos de pan tostado, lo cual fue motivo de halagos por parte de las visitas. Trae unos quesos para que se lleven —le dijo su esposo—, Doña Faby sin pensarlo tomó su bolso y salió rumbo a la finca por ellos. De camino, ella se sintió molesta sin saber el motivo, lo más que pudo reprocharse, es lo que le faltaba por hacer y que las visitas le habían quitado el tiempo.
Sanciones desde la moral
Escenas como éstas era habitual vivirlas u observarlas de antaño, Doña Fabý bien pudiese ser lo que se le conocía como mujer abnegada. En la clínica psicoanalítica esta es una de tantas anécdotas que una paciente nos puede contar, ya sea porque es lo que ha sucedido en el día o después de que la paciente inicia contando algo que la aqueja. Al final del párrafo anterior, aun cuando es una ficción para poner de relieve lo que les quiero explicar, Doña Faby deposita su molestia en la incomodidad de las visitas, no en lo pesado que ha sido para ella, después de 40 años de matrimonio realizar parecidas actividades sin ayuda de su esposo, incluso mientras él está en el esparcimiento o descansando, justificado en que él ha trabajado.
Cuando se observa escenas como éstas, se suele realizar juicios morales acerca de lo que sucede alrededor. En la escucha psicoanalítica guardamos prudencia respecto a lo que nos narran las y los pacientes, en este caso, desconocemos el por qué Doña Faby se adaptó a dicha forma de vida de manera pasiva.
Las sanciones morales se realizan en medio de la cotidianidad, en lo que llaman la primera impresión, esos pensamientos que se nos llegan a ocurrir por pretender establecer desde nuestra perspectiva cómo deben ser y actuar las personas.
Continuara el lunes…
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