Dina Ramírez Gutiérrez
Hace unos días, mi hermana me envió un mensaje que decía: “Ya leí tu nota, está muy buena. ¡Qué bien que estás haciendo lo que te gusta! Desde chiquita te gustaban las letras y leías mucho. ¡Qué bien que ahora también estés escribiendo, aunque sean notas cortas, pero que padre que ya incursiones en ese ámbito de la escritura! ¡Felicidades!”
Este acto amoroso de mi hermana me puso muy feliz, e inmediatamente le agradecí el gesto que acompañó con unos emojis de ramitos de flores. Su mensaje me evocó una imagen: a lo sumo con 8 años estaba de pie frente al librero de mi primo Gustavo (quien también tenía un gusto por la literatura y nunca me negó el acceso a su biblioteca), leyendo los títulos de cada uno de sus libros.
De hecho, cuando visitábamos a alguien, irremediablemente terminaba una y otra vez de pie frente a los libreros, fue en una visita a unos amigos en la ciudad de México cuando tuve en mis manos por primera vez el magnífico Don Quijote de la Mancha ¡Cómo lo disfruté!
Siempre encontraba tiempo para leer. La Santa Biblia me apasionaba con los pormenores de sus protagonistas, cuando visitábamos a mi tía Teresa aprovechaba para leer el Libro Vaquero, el Sensacional de Traileros y, si tenía suerte, Condorito. No recuerdo dónde tuve acceso a los clásicos de Julio Verne o Edgar Allan Poe. Un día alguien me regaló 15 recopilaciones de artículos, cuentos y otros contenidos en formato de libro que fueron originalmente publicados en la revista Reader´s Digest y me los terminé en el menor tiempo posible. No sólo eso, años después anhelo volver a leer "Naufragio en Maine" de Kenneth Roberts porque en mi imaginación estuve atrapada en esa roca con la tripulación. No sé qué me pasaba, pero leía los textos de la escuela una y otra vez, incluso las etiquetas. Sin darme cuenta ese interés por la lectura fue decayendo hasta casi desaparecer.
Hoy reconozco que la lectura tiene un importante papel en la vida. Principalmente en la infancia, fortalece varias habilidades cognitivas clave, como la atención, concentración, memoria, la capacidad de razonamiento, la percepción, y procesamiento del lenguaje. Además, fomenta la imaginación, la creatividad, el pensamiento crítico y promueve el desarrollo de funciones ejecutivas, que son necesarias para planificar, organizar y regularse en lo cotidiano. Es importante leer a lo largo de la vida, sobre todo para el adulto mayor, porque estimulará su concentración, ayudará a prevenir el deterioro neurocognitivo y enfermedades neurodegenerativas.
¿Alguna vez te has detenido a pensar en la importancia de leer?, te comparto una preocupación: necesito recuperar el interés por el saber. Tengo como propósito arrebatar del ocio y de las redes sociales mi valioso tiempo, porque hay 25 tomos de la obra de Sigmund Freud que me están esperando.
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