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Ciencia y sociedad | Las economías ecológica y feminista

Foto(s): Cortesía
Redacción

Yayo Herrero * 

 

El modelo de pensamiento acuñado en la sociedad occidental, e intensificado a partir de la expansión hegemónica del neoliberalismo, se ha desarrollado en contradicción con las bases materiales que sostienen la vida. Construida sobre cimientos patriarcales, antropocéntricos y capitalistas, la organización de nuestras sociedades actuales pone en riesgo los equilibrios ecológicos que permiten la vida humana (y la de otras especies) y amenaza con provocar un verdadero colapso ecológico y humano. 

El sistema económico capitalista y todo el armazón cultural que le acompaña se han expandido sin tener en cuenta que la vida humana tiene dos insoslayables dependencias materiales. La primera es la de la naturaleza y sus límites. La segunda es consecuencia de la vulnerabilidad de la vida humana y por tanto de la imposibilidad de sobrevivir en solitario, necesitamos a lo largo de toda la vida del tiempo que otras personas nos dedican para poder llevar vidas decentes. La sociedad capitalista ignora la existencia de límites físicos en el planeta y oculta y minusvalora los tiempos necesarios para la reproducción social cotidiana. 

Se extiende como un tumor, sin observar límites, a costa de la destrucción de lo que precisamente necesitamos para sostenernos en el tiempo. Se basa en una creencia peligrosa: la de una falsa autonomía, tanto de la naturaleza como del resto de las personas. Descubrir el andamiaje cultural que sostiene estas visiones es importante para poder diseñar las transiciones hacia otras formas de vida. 

La revisión de los esquemas mentales con los que comprendemos y actuamos en el mundo es tarea fundamental para poder reubicarnos como especie dentro del planeta y establecer otras relaciones diferentes que permitan situar el bienestar de las personas en equidad como prioridad social. 

Teniendo en cuenta el profundo y acelerado cambio climático, el agotamiento de la energía fósil barata y de muchos minerales que sostienen el metabolismo económico y los estilos con voz propia de vida, tal y como los conocemos; siendo conscientes de la huella ecológica global creciente y desigual; sabiendo del declive del agua dulce y la alteración de los ciclos naturales, especialmente el del carbono y el nitrógeno; experimentando la profundización en las desigualdades sociales, la no responsabilidad del estado y la sociedad del cuidado de las personas; asistiendo al intento de incremento del control sobre el cuerpo de las mujeres, al aumento de la represión y el auge de los fascismos... parece ingenuo pensar en que se pueda salir de este atolladero a partir de meras reformas puntuales, por más que incluso las medidas más tibias y reformistas puedan parecer radicales ante esta ofensiva neoliberal. 

En este momento crítico es necesario abordar una revisión realista, por más dura que pueda ser, de la situación en la que se encuentra la humanidad, dentro de un planeta en el que las variables ecológicas están cambiando a un ritmo acelerado y en una dirección impredecible. De seguir por este camino puede que llegue un momento en el que no sea posible, desde un punto de vista físico, acometer las transiciones necesarias para caminar hacia otro modelo diferente. Reorientar la economía hacia un modelo justo y sostenible es urgente y las visiones convencionales no son capaces de hacerlo porque el conjunto de instrumentos y teorías que ha acuñado tienen la mirada perdida en unos indicadores económico que no dan cuenta de lo que realmente sostiene la vida humana. 

Al forzar la mirada en una dirección equivocada, no permiten comprender todo lo que desaparece a pasos agigantados: el suelo fértil, la capacidad de depuración de las aguas, la regulación del clima, la posibilidad de regenerar cotidianamente la vida, los stocks de energía y materiales necesarios para la supervivencia, la biodiversidad que permite que el conjunto de la biosfera se adapte a condiciones cambiantes… 

La economía feminista y la economía ecológica son imprescindibles para lograr este cambio. Constituyen dos planteamientos heterodoxos que coinciden en señalar la necesidad de cambiar el foco del interés desde el dinero hacia lo que posibilita una vida buena. Cuando las economías feminista y ecológica dialogan, cuando se comparte la riqueza conceptual y política de ambas, el análisis de los problemas que cada una afronta por separado gana en profundidad y claridad. 

Repensar la economía desde esta doble lógica, la de la vida humana y la de la naturaleza, implica volver a las preguntas básicas: ¿Qué papel ocupa nuestra especie en la biosfera? ¿Cómo se sostiene la vida humana? ¿Cuáles son nuestras necesidades? ¿Cómo podemos producirlo para todos y todas? ¿Cómo nos organizamos para hacerlo?


 

*Yayo Herrero López (Madrid, 1965) es una antropóloga, ingeniera, profesora, doctora en Sociedad, Política y Cultura y activista ecofeminista española. Es la investigadora más influyente en su campo a nivel europeo.

Responsable de la sección Ciencia y Sociedad: Leonardo Pino.

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