Yayo Herrero
Las dimensiones ecológica y feminista son imprescindibles para transformar la concepción y la gestión del territorio y para reorganizar los tiempos de la gente. Sin ellas, es casi imposible alumbrar un modelo compatible con la biosfera y que trate de dar respuesta a todas las diferentes formas de desigualdad. Ambos enfoques propugnan una producción ligada al mantenimiento de la vida y un modelo de organización económica que coloque esa misma vida en el centro.
Esbozamos a continuación, de una forma muy somera, algunas pautas imprescindibles para abordar las imprescindibles transiciones. El punto de partida es la inevitable reducción de la extracción y presión sobre los ciclos naturales. En un planeta con límites, ya parcialmente sobrepasados, el decrecimiento de la esfera material de la economía global no es una opción. Es sencillamente un dato.
La humanidad va a tener que adaptarse a vivir extrayendo menos de la Tierra, plegándose a lo que su producción cíclica puede dar y generando menos residuos.
Esta adaptación puede producirse por la vía de la lucha por el uso de los recursos decrecientes o mediante un proceso de reajuste decidido y anticipado con criterios de equidad. Una reducción de la presión sobre la biosfera que se quiera abordar desde una perspectiva que sitúe el bienestar de las personas como prioridad, obliga a plantear un radical cambio de dirección. Obliga a promover una cultura de la suficiencia y de la autocontención en lo material, a apostar por la relocalización de la economía y el establecimiento de circuitos cortos de comercialización, a restaurar una buena parte de la vida rural, a disminuir el transporte y la velocidad, a acometer un reparto radical de la riqueza y a situar la reproducción cotidiana de la vida y el bienestar en el centro del interés.
Abandonar la lógica androcéntrica y biocida obliga a responder a las preguntas ineludibles: ¿Qué necesidades hay que satisfacer para todas las personas? ¿Cuáles son las producciones necesarias y posibles para que se puedan satisfacer? ¿Cuáles son los trabajos socialmente necesarios para ello? Se trata de buscar nuevas formas de socialización, de organización social y económica que permitan librarse de un modelo de desarrollo que prioriza los beneficios monetarios sobre el mantenimiento de la vida.
Cambiar el modelo de producción para convertir a la producción en una categoría ligada al mantenimiento de la vida. Será preciso promover aquellas actividades y sectores que generen bienes y servicios de forma compatible con la conservación de los ecosistemas.
La agroecología, la pesca sostenible, la rehabilitación energética de la edificación, las energías renovables, el transporte público o los servicios sociocomunitarios públicos pueden ser algunos de estos sectores socialmente necesarios a impulsar.
Sobre la forma de producir, la economía de la naturaleza es cíclica, totalmente renovable y autorreproductiva, sin residuos, y cuya fuente de energía es inagotable en términos humanos: la energía solar en sus diversas manifestaciones (que incluye, por ejemplo, el viento y las olas).
Se puede intervenir en otras esferas, de cara a incentivar el cambio del modelo de producción. Un ejemplo sería el establecimiento de una fiscalidad orientada con criterios ecológicos y sociales, con el fin de cambiar la base de unos impuestos, que tributan en base al valor añadido mercantil, hacia unos que fiscalizaran el flujo material de producción: el que se produce desde la extracción de recursos hasta su posterior vuelta como residuos, pasando por su uso como insumos productivos.
Otras líneas de cambio serían, el establecimiento de circuitos cortos de comercialización, pues en un mundo con las fuentes energéticas de origen fósil en declive y con una urgente necesidad de reducir emisiones de gases de efecto invernadero, la producción y la distribución de proximidad serán una necesidad.
Además, en este ámbito, también resulta esencial exigir el principio de precaución, de forma que ni se comercialicen ni se difundan tecnologías o productos, sin que se haya demostrado, de forma convincente, que no son nocivos para el medio y para las personas. En la actualidad más bien ocurre lo contrario, ya que las «innovaciones» que se imponen, se presuponen inocuas, hasta que no se demuestre lo contrario.
No sólo basta saber qué y cómo producir. Es preciso también fijarse en cuánto es posible producir. En este sentido, es importante introducir políticas de gestión de la demanda, encaminadas a reducir el consumo en focos y sectores sociales que sobreconsumen, de forma que se logre una reducción neta de la cantidad de materiales y residuos que, hoy, pone en juego el metabolismo económico. Además, es preciso reformar los sistemas de contabilidad nacional, de modo que se incorporen estadísticas y análisis basadas en indicadores que den cuenta del territorio y del tiempo de las personas.
(Tomado de: Herrero, Yayo. 2021. «Economía Feminista y economía ecológica, El diálogo Necesario y Urgente». Revista De Economía Crítica).
Responsable de la sección Ciencia y Sociedad: Leonardo Pino.
Para saber:
El planeta
En un planeta con límites, ya parcialmente sobrepasados, el decrecimiento de la esfera material de la economía global no es una opción.
