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IGLESIA. COMPARTIENDO MIS SENCILLOS PUNTOS HOMILÉTICOS

Una representación artística de Jesús como el Rey de reyes y Señor de señores, ilustrando el tema de un artículo sobre puntos homiléticos.
Foto(s): Cortesía
Redacción
  • ¡Viva Cristo Rey!

Por Lázaro Peña V., Pbro.

Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo; 23 de noviembre de 2025. Blanco. MR p. 453 [452] / Lecc. II p. 301. LH II Semana del Salterio [Último domingo del Tiempo Ordinario. Se omite la Memoria del Beato Miguel Agustín Pro, Mártir; de San Clemente Papa y Mártir; y de San Columbano, Abad]. 2Sam 5, 1-3; Col 1, 12-20; Lc 23, 35-43.

 

            En la Primera Lectura se nos presenta a David (del Hebreo Dód, "amado de Dios"). Fue ungido como rey de todas las tribus de Israel por Samuel. David era muy querido, principalmente por los ancianos, ya que siempre enviaba una parte del botín a los ancianos de Judá (1Sam 30, 26-31), pero sobre todo porque logró la unidad de Israel, al vencer a los cananeos y conquistar Jerusalén, la cual fue constituida como capital política, económica pero también religiosa de todo Israel. Dios eligió a David para liberar a su pueblo Israel, de los filisteos y de todos sus enemigos (2 Sam 3, 17-19). Lo constituyó rey por su buen corazón, por su fe profunda en Dios y por el amor a su pueblo. El Antiguo Testamento nos va prefigurando al Rey de reyes que celebramos hoy, Jesucristo, Rey del Universo, quien es nuestro Rey "por derecho de conquista”, ese Rey que renunció a todo privilegio y basó su reinado en el amor y el servicio a nosotros, sus “ovejas”, entregando, incluso, su propia vida para que algún día, al resucitar de entre los muertos, entremos a tomar posesión de su Reino.

            La Segunda Lectura es tomada de San Pablo, quien en su predicación siempre ha partido cronológicamente del misterio central de la Resurrección de Jesucristo; Cristo es el comienzo y el Primogénito de entre los muertos; con Cristo ha empezado ya la nueva etapa que llegará a su plenitud en la hora escatológica, pero esto ya empezó desde la Creación, desde que Dios crea al hombre a su semejanza, está proyectando ya la existencia de Cristo (1Cor 15, 45-49). Y nadie puede ser plenamente semejante a Dios, si no ha vencido a la muerte, no sólo a la muerte física, sino también a la muerte espiritual (odios, rencores, egoísmos, etc). Cristo fue el primero en vencer a la muerte y resucitar glorioso; y no lo hizo desde la comodidad de la esfera celestial, sino desde la miseria humana, pues se hizo nada como nosotros, igual en todo, menos en el pecado (Fil 2, 6-11); así también yo debo hacerme nada ante los demás y hacerme esclavo de todos, para ganarlos para Cristo (1Cor 9, 19).

            En el Evangelio, Jesús, en su camino hacia la Cruz, parece destrozado y derrotado por la vida y el mal, los hombres lo someten y lo dominan, no puede hablar ya. Aquí se manifiesta la paradoja: el Jesús derrotado, que en la Cruz pareciera un perdedor, un desposeído, un abandonado; es ahora el que tiene el Poder, es quien está sentado a la derecha de Dios Todopoderoso (Lc 22, 69). En la aparente soledad de Cristo en la Cruz, se muestra con mayor fuerza la fidelidad al Dios que parece que lo abandona. Ese mismo Jesús, que padeció la tentación inmensa en el Huerto de los Olivos, el despreciado, el condenado, el impotente; ahora es el Señor del Universo, es el Rey de reyes, el Señor de señores. Ahora entre Dios y los hombres, ya no hay ningún otro mediador, más que Cristo Jesús (1 Tim 2, 5). Descubrir al Rey del Universo en un condenado por un tribunal humano (religioso), constituye la paradoja más grande del cristianismo. Hermanos, el reinado de Cristo no se basa en la opresión, en la injusticia, en el odio, en la venganza; sino en el amor, la verdad, la justicia, la paz, el perdón y el servicio a los demás. ¿Quieres formar parte del Reino de Cristo? ¿Cómo tratas a los demás?, ¿con cariño, con amor, con justicia, con verdad?, ¿eres comprensivo?, ¿estás dispuesto a servirles?

"Tres palabras para recordar y meditar esta semana"

            El reino del mundo: Por lo general, el reino de este mundo está basado en los 3 ídolos, el poder, el tener y el placer; justamente las tentaciones que Cristo venció en el desierto. Estos ídolos mundanos traen como consecuencia una sociedad donde reina la injusticia, la mentira, la venganza, el odio, la muerte (Lc 4 1-13).

            El Reino de Cristo: Es donde se pone en el centro a Jesús, nuestro Rey; y la ley se basa en el amor, la justicia, la paz, la verdad, el perdón, la misericordia, la vida. Corresponde a cada uno de los cristianos ir consolidando y extendiendo este Reino. 

            Nuestro boleto para entrar al Reino de los Cielos: Son las obras de misericordia, pues lo que hagamos por el más pequeño de los hermanos, lo estaremos haciendo por Cristo mismo (Mt 25, 31-46). Contra la tentación del poder, sirvamos con amor a los demás; contra la tentación del tener, demos la vida por nuestros hermanos; y contra la tentación del placer, ayudemos a los enfermos y descartados. 

 

 

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