Por Inara Farrera Cruz
Cómo muchos de nuestros lectores saben, en el Instituto de Estudios e Investigación Psicoanalítica INEIP A.C., se imparte la formación de psicoanalistas. A simple vista pareciera que se trata de estudiar psicoanálisis, pero la formación va más allá de sólo analizar los libros de Freud o mantener un papel de “alumno” en cada seminario.
El INEIP A.C., desde finales de 2024 ha adquirido el estatuto de donataria autorizada por el SAT, por lo que una avalancha de cambios se ha implementado en nuestros dispositivos clínicos sociales, entre ellos los consultorios comunitarios. Uno de esos cambios es algo denominado “Registro de punto de urgencia”, en donde, tras el primer acercamiento de un nuevo paciente en búsqueda de la atención psicoanalítica, el o la psicoanalista ha de registrar la información recopilada desde el decir del paciente para, de esta forma,comenzar a tejer estrategias que nos den mayor claridad en el caso y comenzar con la dirección de la cura.
El deseo de ser analista
Hace unos días se acercó una señora buscando la atención para su hijo, quien tiene una historia de consumo de sustancias, en específico, de mariguana y cristal. Al escucharla, recordé mis inicios después de que egresé de la carrera de psicología y los mitos en los que creía, así como el nerviosismo ante mis primeros pacientes. En aquel entonces, hubiese pensado en lo complejo del caso que estaba por recibir y seguramente me invadirían los nervios. Es una de las razones por las que hoy tanto aprecio que exista en Oaxaca el INEIP A.C., donde se imparte la formación de los psicoanalistas y donde cuento con un grupo de colegas que no sólo me acompañan en mi recorrido clínico, sino que forjamos en conjunto la batería científica que sostiene el procedimiento aplicado en los consultorios psicoanalíticos comunitarios. En este camino pude entender cómo es que se agudiza el oído para la escucha psicoanalítica.
El redactar el Registro de Punto de Urgencia me dejó pensando toda la tarde. Recuerdo que, mientras tomaba una ducha, recordé una anécdota de mi servicio social. Al terminar la licenciatura, tuve la oportunidad de realizar este trámite en una institución de segundo nivel de atención. Una de nuestras actividades como pasantes era la realización de una viñeta clínica con algún paciente. Mi trabajo fue precisamente de un caso de consumo de sustancias. Realicé la historia clínica y apliqué algunas pruebas. Recuerdo que cuando tuve que presentarlo ante el personal correspondiente, la pregunta final fue el diagnóstico; incluso hubo un debate entre algunos psicólogos por definir si el paciente presentaba X o Y trastorno. Al llegar a un consenso se cerró la sesión, y lo primero que me pregunté fue: “¿Y ya? ¿Qué hay después?”, razón que me motivó a querer saber más del área clínica. Fue así como en esa búsqueda encontré la formación de psicoanalistas.
Grandes diferencias
Tampoco pude evitar pensar en aquello que algunos psicólogos le dirían a quien inicia la clínica y se resiste a tomar un caso que considera difícil, no dudarían en invitar al psicólogo novel a canalizar dicho caso a un psicólogo más experimentado. Ahí se encuentra una diferencia abismal en el procedimiento psicoanalítico, pues en primera instancia, en tales situaciones, cobra importancia la supervisión de casos, donde no sólo se analiza el caso en sí, pues es inevitable que en ésta salga a flote la disposición psíquica del o la psicoanalista, y queridas y queridos lectores, no lograrán imaginar lo que surge de dicha supervisión; pero ese tema lo dejaré para otra nota.
Por otro lado, un espejismo que se diluye en la clínica comunitaria es que existen casos “difíciles”, son las expresiones de la vida psíquica de las y los pacientes las que pueden dejarnos esa impresión; pero en ello ayuda una postura imprescindible que debe adoptar el o la investigadora del alma —que de no hacerlo pone en riesgo no sólo la investigación también la terapéutica psicoanalítica—, es decir, abandonar las ganas de curar o ayudar. Esta tendencia es peligrosa en procedimientos donde tratamos el alma.
¿Quieres saber más? Pide informes al teléfono 951 508 4356 y ¡Hazte escuchar por una o un psicoanalista del INEIP A.C.!
