Alejandro José Ortiz Sampablo
Tercera parte de cinco
Al leer la nota que antecede para dar continuidad a la presente, lamenté el tono con el que me refiero a quienes se dicen psicoanalistas sólo por haber cursado una maestría o un diplomado en psicoanálisis.
Pero me consolé con el hecho de que es algo que se tiene que decir, principalmente por quienes estamos comprometidos con lo que, dentro del campo psicoanalítico, conocemos como la causa freudiana, pues de no hacerlo, seremos cómplices de cómo dichas personas deterioran la imagen del psicoanálisis y la seriedad con la que Sigmund Freud forjó su teoría de la psique. Por otro lado, como lo mencioné, son las y los pacientes quienes terminan por pagar el costo de aquellos que consideran que a un campo del saber en este caso el del psicoanálisis le pueden agregar premisas desde su cosmovisión.
Para brindarles una noción de lo que menciono, me auxiliaré de una de las cosmovisiones que se han introducido en algunos tratamientos psicoanalíticos, aunque no he de dejar fuera de este fenómeno a los tratamientos de algunos especialistas en psicología. De ella me anoticié desde mi juventud, al poco tiempo que me introduje en el psicoanálisis.
En este punto, para poner un ejemplo de lo que aludo anteriormente me auxiliaré de un concepto, la represión, el cual a Sigmund Freud le llevó años definir como concepto fundamental, sin este concepto no podríamos elucidar lo que acontece en el dispositivo clínico entre paciente y psicoanalista, así como la labor de este último. Por una parte, el concepto de represión tiene una relación estrecha con otro, del cual no se puede prescindir en psicología si deseamos alcanzar comprensión de la conducta humana, este es la Pulsión. La represión es uno de los destinos de la pulsión. Espero que esto que menciono de manera muy general, sirva para brindar el ejemplo.
En el contexto del tratamiento psicoanalítico, el creador del psicoanálisis menciona que habrá de levantar la represión o las represiones. Pues bien, muchos que se colocan en el lugar del psicoanalista, interpretan lo anterior desde lo que comprendieron de este concepto. Esto lo menciono por lo que recojo en pacientes que han acudido a tratamiento con este tipo de —llamémosles para salir del paso— psicoanalistas. Resulta que, al parecer, realizan la interpretación de que es la represión la causante del sufrimiento del paciente, pues esta les impide realizar lo que anhelan. Bajo esta interpretación, dichos terapeutas aplican una suposición extraída más desde una tendencia, su disposición narcisista, que de un estudio profundo de la psique —ojo, dije “estudio profundo de la psique” y no “estudio desde una bibliografía de la psique”—, y desde ahí, llevan al o la paciente a que venza lo que ellos consideran la represión y al ser libres de esta, finalmente realicen aquello que estaban imposibilitados a realizar. En este punto, no sé si valga la pena compartirles ejemplos que pondrían de relieve la manera simplista con la que tratan este concepto.
Continuará el próximo lunes…
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Represión y pulsión
El concepto de represión tiene una relación estrecha con otro, del cual no se puede prescindir en psicología si deseamos alcanzar comprensión de la conducta humana, este es la Pulsión.
