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Andador de Letras: Xuu

PRINCIPAL 1 2.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Gustavo López

 

 Dedicado a la muchacha del albergue

Xuuuuuuuu… Rugió la tierra. Con ese sonido que le dio nombre en zapoteco a los temblores: “Xuu”. 

—¡Va a temblar!- me dije.

Empezó como muchos otros a lo largo de mi vida, con un suave vaivén, pero pronto dio signos de otra cosa, fue creciendo en intensidad y se prolongaba más allá de los segundos. 

En esos momentos el tiempo se estira, obedece a una medida diferente, quizá porque el corazón late más rápido y uno quiere ver la salida del túnel en que nos aprisiona la sorpresa. Yo estaba en mi recámara en la segunda planta de la casa, acababa de apagar la luz para dormir y mientras me acurrucaba me permití el vicio de revisar mi celular y darme una vuelta por las novedades y los chismes de las redes sociales. 

Al escuchar el rumor bajo la tierra me puse alerta, pero con la seguridad de que aquello iba a ser moderado y pasajero  "Esto no se cae", dije, refiriéndome a la palapa que cubre mi patio y la casa, mientras sentía cómo aumentaban el movimiento oscilatorio y el temor. "No se cae, es muy ligera", me repetía en mis adentros cuando sentí que el movimiento adquiría mayor fuerza. Abrí lo más que pude los ojos y escudriñé a través de la penumbra buscando el techo de palmas de coco trenzadas, trenzadas así, igual que el miedo y la confianza que me ataban a la cama.

—¡No mames!— dije al fin— ¡esto está cabrón!

El movimiento se había intensificado y salía de la normalidad. Allí empecé a entender que la duración y la fuerza con que nos columpiaba aquella sacudida era más que un simple temblor, que era un hecho extraordinario; sentí cómo todo se movía descontrolado mientras intentaba afirmarme sobre el colchón.

—¡Esto no puede estar sucediendo, es demasiado! 

Algo así debí haber dicho antes de ahogarme en el espanto.

“¡Pram, pram pram!” Tres golpes poderosos, tres marrazos de toneladas de fuerza que nos hicieron rebotar en el piso como pelotitas de ping pong. Tres gritos contenidos y tres mentadas de madre al aire que dieron alivio a mi pecho a punto de reventar, se oyeron juntos.

Después, el traca-traca trepidatorio que hacía saltar la cama y los muebles. Ruidos del subsuelo y de las cosas cayendo se mezclaban y hacían más intimidante aquel suceso; era como si una montaña reventara en mil pedazos. Una claridad verdosa se filtró por las ventanas y me permitió ver cómo bailaban fantasmales los objetos, desplazándose en una coreografía arrítmica y lúgubre, igual que cuando se degüella a las gallinas y salen saltando por el patio. 

 

Aquel monstruo nos sacudía como quien agita una ampolleta.

—¡Puta madre, esto está cabroncísimo! ¡Esto se va a acabar!

Me refería a la casa, a Juchitán, a todos. “Se va a colapsar la casa, se va a derrumbar, pero al menos caeré encima”, creo que pensaba. “La palapa tiene estructura metálica y es muy ligera, no se me derrumba encima”. Imagino que eso dije o ideas similares, quién puede saberlo, lo que sí recuerdo con claridad es el espanto, la fe doblegándose y mis ojos intentando sostener el techo.

Continuará el sábado…

 

Semblanza

Gustavo López. Compositor, poeta, trovador y artista plástico juchiteco. Este domingo 22 de septiembre de 2024 a las 18:00, celebrará con un merecido homenaje sus 50 años de trayectoria musical, en el Teatro de la Ciudad, Esperanza Iris, en la CDMX.

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