Juan Carlos Cruz Rosas
Para Nataly
Te escribo este último mensaje para despedirme de ti, no estoy seguro de volvernos a ver o de contactarnos otra vez. Disculpa si lo hago repentinamente, quizá no sea la manera más adecuada o civilizada, aunque no dudo que en algún momento tú hayas sospechado de algo. Tal vez sea mejor así. Y sé que no es fácil para ninguno de los dos, o al menos eso pienso. Por supuesto, habrá muchas cosas que se quedarán sin expresarse en el fondo de cada uno. Yo intentaré por este medio explicarte algunas, y esperaré de tu parte, cierta comprensión. Romperé, inevitablemente, cualquier tipo de contacto, no tendrá caso que respondas. Te confieso que redactar estas líneas me cuesta trabajo y un profundo dolor me inunda el alma. Desearía de todo corazón no causarte ninguna desilusión. Perdóname. Tengo que decirte que debo regresar al planeta de donde provengo, he cumplido el tiempo necesario para mi tarea asignada, tampoco puedo revelarte mi misión aquí en la Tierra, pero ya no tengo más qué hacer… llevarte conmigo sería para ti un gran colapso. Lo mejor para ambos es recordar los momentos que disfrutamos, el gran amor compartido. Sinceramente haberte encontrado para mí fue algo extraordinario, dar contigo entre millones de terrícolas, no lo cambio por nada. Aunque existen ciertas leyes que provocan que los elementos naturales o los seres se atraigan dadas sus características especiales. Eso resulta muy comprobable, seguramente estarás de acuerdo, y quizá no haya sido fortuito conocernos. Teníamos que encontrarnos en algún momento y en algún sitio del universo, estoy seguro de que, de alguna manera, estaba predestinado por el propio cosmos y su inmensa energía que lo mueve todo.
No, por supuesto que no soy un marciano ni venusino, si es eso lo que imaginas. De donde provengo es un planeta dos veces más grande que la Tierra, te preguntarás dónde queda este planeta, se encuentra en la galaxia espiral Circinus que está dentro de la Constelación del mismo nombre a 13 millones de años luz de aquí, llamada así por Nicolas Luis Lacalle, en el siglo XVIII. Nosotros lo nombramos desde la antigüedad de nuestro tiempo como Ramashan anto, en el idioma ramashi significa algo así como: “línea de luz sostenida en el infinito”. El francés Lacalle —no sé si lo sepas—, le asignó a la constelación el nombre de Circinus, que en latín significa, “el compás”, por su forma. Lo que no me disgusta en absoluto ya que es un instrumento que ha sido utilizado desde la antigüedad por los navegantes para dibujar círculos y medir distancias en las cartografías, y todavía se usa en la actualidad. Posee cierto romanticismo y nostalgia, aunque ahora se utilice otra tecnología. Nosotros hemos desarrollado una nave que puede recorrer distancias luz a grandes velocidades sin destrozarse.
La constelación de Circinus se localiza en el hemisferio sur celeste, entre las constelaciones del Centauro, Norma, Crux, Musca, Lupus y el Triángulo Austral. La componen varias estrellas brillantes que forman la silueta del compás y algunas de ellas son: Alpha, Beta, Gamma y HD 129445. La constelación puede parecer pequeña y discreta, de hecho, ocupa el lugar 85 de las 88 constelaciones que los terrícolas han registrado hasta ahora, sin embargo, posee varias estrellas distintas y fenómenos con características especiales como su estrella más brillante Circini, un astro variable; el Cúmulo abierto Pismis 20; la nebulosa planetaria NGC 5315, y mi galaxia espiral, nombrada también como ESO 97-613 que alberga un agujero negro supermasivo en su centro. La constelación se aprecia mejor desde la Tierra en el verano, especialmente en junio, con las latitudes +20º a -90º.
Como ya te has enterado, pertenecemos a distintos mundos, por decirlo de alguna manera, y eso complica una relación a futuro. Debo decirte que yo, por algunas leyes del tiempo y el espacio de donde provengo, envejezco mucho más lento que los habitantes de este planeta. A eso se debió tu asombro, como verás —recuerdo bien—, al confesarte mi verdadera edad. El ciclo de vida de quienes nacemos en Circinus es otro. Puedo imaginarme tu expresión de incredulidad al leer esto, ¿o tal vez de espanto?
Mientras lees estas líneas, yo ya estaré muy lejos de aquí, cruzando años luz que me llevarán a mi galaxia. Una forma de recordarnos quizá sea que, alguna noche en que te sientas sola, observes el cielo en dirección sur para encontrar la constelación donde habito, si utilizas un telescopio será mejor (localizando las coordenadas: ascensión recta análoga a la longitud, de 15 horas y la declinación que es análoga al paralelo, de -60º). Yo por mi parte haré lo mismo e imaginaré que tienes tu mirada hacia el infinito, y podré sentirte en el corazón a pesar de los miles de años luz que nos separen.
Con mi amor infinito para ti, que preservaré por siempre:
JC
Semblanza:
Juan Carlos Cruz Rosas (Oaxaca, Oax., 1966) Periodista, editor, ensayista y narrador. Ha sido fundador y coordinador de publicaciones culturales y editor de libros. Autor de una biografía novelada sobre el músico Macedonio Alcalá (1989) y de Nuestra ciudad de los niños, crónica-reportaje (1990). Su más reciente título es Isaías el flojo y otros cuentos (Octubre ediciones, 2024).
