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Una ciudadana del nanomundo

Foto(s): Cortesía
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Adolescente rebelde, Ana Cecilia Noguez prefería buscar caminos alternos para resolver los problemas de matemáticas en la secundaria. Osadía por la que le "caía mal" al profesor, quien la reprobaba aunque hubiera llegado al mismo resultado.


A diferencia de lo que se pensaría de una especialista en las propiedades ópticas de las nanopartículas, reconocida a los 50 años con el Premio Nacional de Ciencias, no fue una alumna "matada". Lo cuenta riendo en su amplia oficina del Instituto de Física de la UNAM, días después de recibir en Los Pinos el galardón que comparte, en Ciencias Físico-Matemáticas y Naturales, con David Kershenobich.


Noguez revela que fue propuesta en julio por el Instituto Nacional de las Mujeres, "donde no conocía a nadie", y la buena noticia se la dio el sábado 10 Aurelio Nuño, Secretario de Educación Pública, vía celular, mientras comía en casa con su esposo, el también científico Raúl Esquivel Sirvent, y sus dos hijos adolescentes.


Su vocación, relata, se remonta a las materias de ciencias naturales de la secundaria, que le revelaron que alguien se había preocupado por responder de "manera formal" las preguntas que de niña se hacía sobre "cositas", como por qué hierve el agua a diferente temperatura según la altitud o cómo el foco da luz.


Es un "producto nacional" porque estudió física en la UNAM hasta el doctorado, y cayó desde finales de los 80, con su tesis de licenciatura, en el nanomundo, en "lo chiquito de lo chiquito", donde reinan partículas más diminutas que el átomo. Entre ellas, el electrón es con quien tendría un "romance", responde aceptando un juego retórico, y de hecho lo tiene, porque sus investigaciones como "física materialista" versan sobre las alteraciones que ocurren en la materia cuando se cambian "pequeñas condiciones del sistema", como el tamaño y la forma, agregando o quitando un átomo o, incluso, un electrón.


"La materia es la que me gusta. Uno puede jugar con ella, interrogarla con la luz, con los electrones, con protones, con iones. Entender sus interacciones con otros sistemas te da una riqueza tremenda", explica.


"Precisamente una función de los físicos es, una vez que se entiende la naturaleza de las cosas, proponer nuevos dispositivos o propiedades que no existen en la naturaleza; los conocimientos que permitieron nuestros celulares de hoy empezaron a generarse en los años 50 o 60".



¿En lo nano está Dios o es agnóstica?


Soy agnóstica. Una buena parte de los investigadores nos dedicamos a la ciencia para tratar de explicar el mundo y no quedarnos pensando que hay una causa divina.


¿Qué intuye de ese nanomundo que explora que aún no puede comprobar?


Hay mucho que hacer ahí. Ahora nos enfrentamos a explicar el concepto de temperatura, que no puede ser igual en un sistema tan pequeño a como la entendemos en uno macro.


¿Cuál es la gran pregunta de la nanociencia?


Hay varias cosas. Una es cómo crear procesos con nanopartículas o sistemas a escala nanométrica que sean uniformes y estables. Entonces, uno de los grandes retos es cómo conectar el mundo nanométrico con el macro, porque en esa interfaz se pueden perder las propiedades del sistema.


¿Qué espera ver en 25 o 30 años?


Creo que en pocos años, las primeras aplicaciones de la nanociencia estarán relacionadas con medicina, con biotecnología, y en 20 o 30 años posiblemente tendremos aplicaciones de tipo tecnológico, cosas como la capa de Harry Potter, de la transparencia inducida. Al entender cómo la luz interactúa con la materia se pueden crear materiales para que la luz pase y caliente una oficina sólo en invierno, por ejemplo. Pero quizás el reto más importante de la humanidad sea cómo manipular, transportar y almacenar la energía, y creo que con la nanociencia hay mucho que se puede hacer.

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