Por Debate
En un contexto donde los fertilizantes representan uno de los mayores costos de producción agrícola y México depende en gran medida de las importaciones de estos insumos, investigadores del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMyT) y el Colegio de Postgraduados (COLPOS) avanzan en el desarrollo de tecnologías que podrían mejorar el aprovechamiento del nitrógeno y reducir pérdidas económicas y ambientales en el campo.
Eficiencia
El desafío no es menor. En México y Centroamérica, la eficiencia en el uso de nutrientes oscila entre 30% y 50%, lo que significa que una parte importante del fertilizante aplicado nunca llega a ser aprovechada por los cultivos. Parte de ese nitrógeno termina contaminando cuerpos de agua o se libera a la atmósfera en forma de óxido nitroso, un gas de efecto invernadero con un potencial de calentamiento casi 300 veces superior al dióxido de carbono.
La situación adquiere una dimensión estratégica si se considera que entre 60% y 80% de los fertilizantes utilizados en México son importados, mientras la producción mundial de nitrógeno depende de mercados energéticos y cadenas de suministro sujetas a tensiones geopolíticas.
Ante este escenario, CIMMyT desarrolla investigaciones enfocadas en variedades de trigo con capacidad de Inhibición Biológica de la Nitrificación (BNI), una característica que permite ralentizar de forma natural la transformación del amonio en nitrato dentro del suelo, reduciendo así las pérdidas de nitrógeno y favoreciendo su permanencia en la zona de absorción de las raíces.
Para validar el funcionamiento de este mecanismo en condiciones cercanas a la agricultura real, los investigadores utilizan la plataforma de Cámara Dual Raizotrón, una tecnología desarrollada y patentada por COLPOS que permite observar el crecimiento de las raíces sin alterar el entorno biológico del suelo.
A diferencia de los métodos convencionales, que requieren extraer las raíces para analizarlas, esta herramienta permite monitorear continuamente factores como humedad, temperatura, actividad microbiana y disponibilidad de nutrientes, generando información más precisa sobre la interacción entre la planta y el suelo.
La investigación, coordinada por especialistas de ambas instituciones, se encuentra en una primera fase enfocada en comparar variedades de trigo BNI y materiales convencionales. Los resultados preliminares muestran que, después de las primeras etapas de desarrollo, las variedades con BNI desarrollan sistemas radicales más extensos, densos y ramificados.
Las diferencias fueron particularmente visibles entre los 20 y 40 centímetros de profundidad a los 45 días después de la siembra, una zona clave para la dinámica del nitrógeno tras los riegos. Una mayor exploración de estas capas permite incrementar el contacto entre raíces y nutrientes, favoreciendo una absorción más eficiente.
Además de mejorar el aprovechamiento de fertilizantes, los investigadores consideran que estas características podrían contribuir a una mayor tolerancia a condiciones de sequía, un aspecto relevante para regiones agrícolas que enfrentan restricciones hídricas crecientes.
