En los últimos días, he recordado situaciones personales, familiares, de amigos y de índole público, donde la traición se ha hecho presente. Me he atrevido a pensar que no existe ser humano, quien no haya cometido al menos un acto de traición alguna vez en su vida, siendo el más grávido en consecuencias, el que atenta contra el amor.
Dos perspectivas
Dicho acontecer psíquico puede analizarse desde distintas perspectivas; una, que es de mi particular preocupación, está en el terreno del ámbito al cual me dedico: los profesionales encargados de la atención del mundo psi. ¿Cómo realizan su quehacer cuando son traidores del amor? Pero este tema no será tratado en la presente nota, primero abordaré a qué me refiero ser traidor del amor.
Hoy, nuestro ambiente huele a muerte, las personas que han fallecido por el coronavirus de tipo 2 causante del síndrome respiratorio agudo severo, han incrementado estrepitosamente en el mundo. En el ámbito público también podemos observar la hipocresía del Yo, pues existen aquellos que confiados en la desmemoria del pueblo, pretenden erigirse como sus defensores cuando en su momento no solo han sido traidores del amor, también de la patria. Pero este tema tampoco será motivo de la nota.
Un lastre que se nos viene
Por tal incremento, puedo decir metafóricamente que la humanidad arrastra un grillete de culpa, pues al igual o incluso en mayor número de personas han sido cubiertas por una nube de tal afecto. Pues muchos se reprochan lo que hicieron o dejaron de hacer por su deudo, pero esto apenas comienza, ya que las consecuencias psíquicas que se expresan en la salud, en el ámbito profesional y laboral, eventualmente aparecen entre el primer año que aconteció la pérdida. Esto último se puede comprender si tomamos el proceso de duelo como el tiempo en el cual el Yo recoge todo aquello que depositó al objeto de amor; para infortunio del yo, no solo se trata de energía que pertenece al amor, también a su contraparte, el odio.
Una visión moralista
Entre las circunstancias que aludí al inicio, hay una charla que mantuve hace unos días con un joven; en ella apareció la concepción del amor que ha sido fruto de la moral con la cual se juzgan los actos humanos; me refiero a los casos en los cuales aquellos no coinciden con el afecto que se dice profesar al ser amado y se sanciona a dicha persona con frases como: "Es que no lo amas o no lo amas tanto", pero en tal juicio hay un error de fondo.
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